MSF utiliza la vacuna neumocócica por primera vez en Sudán del Sur

Tras varios meses de espera y después de sortear numerosos dificultades, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha podido por fin empezar a vacunar contra la neumonía en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur. A pesar de la buena noticia, la organización médico-humanitaria internacional quiere advertir de que el sistema internacional de vacunación […]

Tras varios meses de espera y después de sortear numerosos dificultades, Médicos Sin Fronteras (MSF) ha podido por fin empezar a vacunar contra la neumonía en el campo de refugiados de Yida, en Sudán del Sur. A pesar de la buena noticia, la organización médico-humanitaria internacional quiere advertir de que el sistema internacional de vacunación dificulta la distribución de vacunas nuevas y eficientes entre los niños de los campos de refugiados.

Mientras planificaba inmunizar a los niños del campo de Yida contra las enfermedades neumocócicas, MSF ha tenido que enfrentarse a múltiples barreras a la hora de comprar estas vacunas a un precio asequible, teniendo que sortear innumerables políticas burocráticas que no tienen en cuenta las necesidades de las poblaciones afectadas por conflictos.

“Si sabemos que los niños refugiados son sumamente vulnerables a contraer enfermedades que son prevenibles mediante la administración de una vacuna, no entendemos entonces por qué el sistema internacional de vacunas sigue insistiendo en que estos niños no son su problema”, exclama Kate Elder, asesora de políticas de vacunación de la Campaña de MSF para el Acceso a Medicamentos Esenciales (CAME). “Deberíamos hacer todos los esfuerzos posibles para que los niños refugiados se beneficiasen de las vacunas más nuevas y eficaces, en lugar de dejar que éstas se pudran en un almacén por culpa de los vacíos existentes en las políticas de la comunidad internacional”.

Las vacunas más nuevas y eficaces han sido introducidas en los países pobres con el apoyo de la Alianza Mundial para Vacunas e Inmunización (GAVI Alliance en inglés), pero la GAVI no cubre las vacunaciones de poblaciones refugiadas o afectadas por emergencias, lo que deja importantes necesidades sin cubrir. Además, los precios reducidos que la GAVI logra negociar no están siempre a disposición de los actores humanitarios que trabajan en contextos de crisis humanitarias. Y a pesar de las múltiples peticiones que se han hecho a los diversos actores implicados, incluidos la GAVI y las farmacéuticas Pfizer and GlaxoSmithKline (GSK), que son las compañías que producen estas nuevas vacunas, no se ha logrado fijar un precio global asequible para las organizaciones humanitarias.

Los refugiados sudaneses empezaron a cruzar la frontera y a entrar a Sudán del Sur en tropel en junio de 2011, cuando estalló el conflicto entre el gobierno de Jartum y los rebeldes del Sudan People’s Liberation Movement-North (SPLM-N) en el estado de Kordofán sur, en Sudán. El verano pasado, cuando la crisis alcanzó su punto más álgido, en el campo de Yida se observaron elevadas tasas de mortalidad entre los niños más pequeños que ingresaban en el hospital de MSF con infecciones respiratorias, siendo la neumonía una de las principales causas de muerte. Las condiciones en el campo de refugiados hacen que los niños sean especialmente vulnerables al neumococo, la bacteria más frecuente causante de la neumonía, pues el hacinamiento y la exposición a múltiples y diferentes cepas de la bacteria acrecientan el riesgo de contraer la enfermedad.

“La situación en Yida el año pasado era terrible, con niños muriendo de enfermedades que las vacunas hubieran podido prevenir”, explica Audrey Landmann, coordinadora de proyecto de MSF en Yida durante el año 2012.

Los diferentes análisis llevados a cabo por MSF determinaron que vacunar con la vacuna conjugada neumocócica (VCN) podría ayudar a reducir considerablemente la mortalidad en Yida, y por ello se decidió que había que poner en marcha la campaña de vacunación. Ésta es una de las primeras veces que la VCN se utiliza en un campo de refugiados y la primera vez que se usa en Sudán del Sur.

Desde septiembre de 2012, MSF ha intentado obtener la VCN para su uso en el campo de Yida, pero durante todos estos meses ha tenido que enfrentarse a demoras significativas provocadas por las largas negociaciones y por los problemas legales con el suministro internacional. Las compañías que fabrican las vacunas hicieron una donación puntual, pero MSF intenta evitar dichas donaciones, ya que busca obtener una solución sostenible a este problema y poder así actuar sin contratiempos en contextos similares. Finalmente, MSF pudo conseguir la vacuna de GSK a un precio reducido, pero los diversos obstáculos a los que ha tenido que enfrentarse han retrasado el inicio de la vacunación hasta ya comenzada la estación de lluvias, con los problemas logísticos y retos que esto conlleva.

“Durante más de cuatro años, hemos estado intentando encontrar una solución para conseguir un acceso asequible a las vacunas más nuevas y eficaces y poder así actuar de manera inmediata cada vez que sea necesario, pero la realidad es que seguimos sin tener la solución para los refugiados”, admite el Dr. Greg Elder, Director Adjunto de Operaciones de MSF en París. “Necesitamos que las compañías farmacéuticas y la GAVI faciliten a las organizaciones humanitarias acceder al precio más bajo para las vacunas más nuevas y eficaces. Si nos lo permitís, podemos ayudar a salvar la vida de niños en situación de emergencia”.

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Presente en Yida desde octubre de 2011, MSF actualmente gestiona un centro de atención primaria de salud en el que se atienden una media de 10.000 consultas al mes, un hospital de 60 camas y una unidad de tratamiento de la desnutrición. Además, cuenta con equipos sanitarios móviles que se desplazan por el campo, suministra agua y construye letrinas. De mayo de 2012 a mayo de 2013, MSF trató a casi 3.000 niños con desnutrición severa en Yida.

MSF trabaja en la región que hoy constituye la República del Sudán del Sur desde 1983. La organización humanitaria trabaja en seis de los diez estados de Sudán del Sur, respondiendo a emergencias como desplazamientos de población a gran escala, flujos de refugiados, crisis nutricionales y brotes de malaria y de kala azar, además de ofrecer servicios de atención sanitaria especializados y básicos.

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