“Una simple diarrea se convierte en una enfermedad mortal para un niño en Guinea-Bissau”

Isabel Grovas, coordinadora médica de Médicos Sin Fronteras encargada de abrir el proyecto en Guinea-Bissau (uno de los 10 países con peores indicadores de salud materno-infantil del mundo) nos cuenta cómo han sido los inicios.

 

¿Por qué un proyecto de salud pediátrica en Guinea-Bissau?

En primer lugar, porque las cifras de la mortalidad infantil son alarmantes, y eso sin contar que muchas muertes no se contabilizan, porque muchos niños ni siquiera llegan a los centros de salud y mueren en sus propios hogares.

Además, el sistema de salud de Guinea-Bissau presenta grandes carencias: hay que pagar un precio elevado por los servicios de salud, muchas veces no hay medicamentos y además falta personal médico cualificado. Solo para hacernos una idea, cuando llegó el primer pediatra de MSF, solo nos constaba que hubiera otro en el país. Ahora sabemos que hay algunos más pero siguen siendo poquísimos para las necesidades. En este contexto, con un sistema sanitario muy frágil, cualquier actividad médica, de calidad y gratuita que ofrezcamos tiene un gran impacto en la salud de las madres y sus hijos.

 

¿Qué contexto sanitario han encontrado en Guinea-Bissau?

El país sufrió un golpe de estado en 2012 que empeoró notablemente la situación sanitaria de la población. Aunque ahora hay un gobierno legítimo desde mayo 2014,  han sido años difíciles en los que los centros sanitarios, que venían ya de soportar una situación muy precaria, se quedaron sin recursos. Muchos de los trabajadores de salud han estado meses sin recibir su salario lo que ha afectado a su motivación y a la atención que prestan.

A esto hay que sumar la falta de ayuda internacional; los grandes donantes cesaron sus aportaciones económicas debido a la inestabilidad política. Y además, las malas cosechas de los dos últimos años, han obligado a la población a vender lo recolectado a precios muchos más bajos que años anteriores. Gran parte de la población dejó de tener recursos económicos suficientes y en un contexto donde se tiene que pagar por acceder a la salud, si no hay dinero, no hay salud.

 

¿Cuáles son las principales necesidades de la población infantil en Guinea-Bissau?

Muchas madres no acuden a los centros de salud cuando sus hijos están enfermos. En un contexto con un sistema de salud tan debilitado, cualquier niño enfermo se enfrenta a grandes dificultades por muy sencilla que sea su enfermedad: largas distancias para llegar al centro de salud más cercano, ausencia de personal sanitario cualificado, falta de medicamentos, precariedad en el diagnóstico y costos elevados de las consultas médicas. Esto hace que una simple diarrea se convierta en una enfermedad mortal para un niño en Guinea-Bissau.

 

¿Cómo está trabajando MSF en Guinea-Bissau?

Para ofrecer una atención eficiente y efectiva a la población infantil tenemos en cuenta varios aspectos. Primero, estamos haciendo un trabajo intensivo con la comunidad, las familias y las madres, para que confíen en el sistema de salud pública y acudan con sus pequeños a las consultas pediátricas. Los servicios médicos que ofrecemos son gratuitos y de calidad y esto es  un gran cambio para ellos. Nos aseguramos además de instruir a las madres para que puedan identificar a tiempo los casos graves y lleven a los niños a los centros de salud. Además, están las familias que viven en zonas más alejadas de los centros de salud. Aquí es muy importante la figura de los agentes comunitarios que llevan la atención médica a las casas de los niños. Estamos formando a más de 200 agentes comunitarios que se desplazarán hasta las áreas más alejadas de la capital Bafatá.

Por otro lado, estamos reforzando el apoyo técnico al sistema de salud primario, con equipamiento médico y formación a los profesionales para mejorar la capacidad de diagnóstico y tratamiento. También damos apoyo específico a nivel secundario, es decir en la pediatría del hospital, para que los casos más graves se puedan transferir al hospital y tratar correctamente. Todo esto asegurando la gratuidad y un sistema de referencia que funcione.

 

¿Cómo ha afectado la amenaza de la epidemia de Ébola en Guinea-Bissau?

Durante la apertura del proyecto, con la epidemia de Ébola azotando varios países de la zona, gran parte de nuestro trabajo se centró en participar junto al comité técnico del país en la gestión de preparación y prevención de la epidemia. La falta de conocimiento sobre el Ébola en la región y, sobre todo, de capacidad limitada del sistema de salud del país no permitiría la detección precoz de los primeros casos. Afortunadamente, no ha había casos de Ébola en el país por el momento.

 

¿Cómo ha sido la recepción por parte de las autoridades locales y la población?

La aceptación de Médicos Sin Fronteras por parte de la población y las autoridades sanitarias está siendo muy positiva. Estamos ofreciendo atención médica de calidad y gratuita, esto es totalmente nuevo para ellos y lo está recibiendo muy bien. La voz se ha corrido rápidamente en la zona en la que estamos trabajando y cada vez son más las madres que acuden a las consultas de pediatría con sus pequeños. Para hacernos una idea de los avances, el número de consultas en la pediatría de Bafatá en febrero de 2014 era de 10 niños mientras que el mismo mes de febrero de 2015 el número de niños aumentó a 100.

 

 


Médicos Sin Fronteras ha trabajado intermitentemente en Guinea-Bissau durante las dos últimas décadas. Desde su primera intervención en 1998, MSF ha llevado a cabo varias intervenciones para responder a epidemias de cólera, meningitis, sarampión, así como atender a víctimas y desplazados internos debido a la violencia. 
En noviembre de 2014, MSF empezó a trabajar en la unidad de pediatría del hospital regional de Bafatá y en los centros de salud de Tantan Cossé y Contuboel.

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