Gaza: esto no es un alto al fuego, es violencia estructural

Desde Médicos Sin Fronteras denunciamos que el alto al fuego en Gaza, firmado hace diez meses, no se está cumpliendo, y que nuestros equipos han tenido que atender a personas heridas en los ataques.

Diez meses después, los palestinos siguen sacando a niños de entre los escombros en Gaza. Las familias siguen enterrando a sus muertos. Y el espacio en el que se espera que sobrevivan dos millones de personas se ha reducido a menos de un tercio en solo tres años. Esto no es un alto al fuego: es la misma violencia estructural, pero con otro nombre.

En un conflicto que continúa, seguimos trabajando para asistir a la población

Se trata de una continuación del genocidio, calculado para ser lo suficientemente violento como para prolongar el sufrimiento diario de los palestinos, pero lo suficientemente silencioso como para no provocar la indignación internacional. Es un alto al fuego que sigue matando, confinando y negando la ayuda. Que no desmantela los mecanismos de violencia, sino que normaliza el continuo desprecio por las vidas palestinas.

En medio de esta incertidumbre y de la violencia constante, nuestros compañeros palestinos han seguido gestionando hospitales de campaña, atendiendo a pacientes heridos, prestando apoyo en salud mental, distribuyendo agua y proporcionando asistencia sanitaria general a la población de Gaza.

La violencia hacia la población civil y el personal humanitario no cesa

Khadija, de 34 años, sostiene a su hija, Salam, de 2 años, en la clínica de MSF en la ciudad de Gaza. Salam lleva una máscara personalizada impresa en 3D para tratar las quemaduras faciales graves que sufrió hace un año, cuando un ataque aéreo israelí cercano sacudió la tienda de campaña donde vivía su familia desplazada y una cacerola se derramó sobre su rostro.

Según el Ministerio de Sanidad de Gaza, 1.185 palestinos han perdido la vida y 3.816 han resultado heridos desde que se anunciara el llamado alto al fuego el 10 de octubre de 2025. Esto supone aproximadamente un palestino muerto o herido cada hora y 20 minutos durante diez meses seguidos. 

Eso no es todo. A la fecha de 19 de junio, más de 265 niños han perdido la vida, según Unicef. Las fuerzas israelíes siguen llevando a cabo ataques diarios en toda Gaza, al tiempo que amplían cada día su zona de control.

Trabajar bajo constante amenaza: el sufrimiento de nuestro personal

Para nuestro personal en Gaza, la línea que separa el tratar a los pacientes de convertirse en uno de ellos es aterradoramente delgada. El 16 de julio, un ataque israelí cerca de nuestra clínica en Al Mawasi provocó que cuatro heridos fueran atendidos por nuestros equipos.

Al día siguiente, dos bloques de apartamentos donde residía nuestro personal en la ciudad de Gaza fueron alcanzados sin previo aviso, dejando atrapadas a las familias en su interior mientras las explosiones destrozaban las ventanas. En uno de los edificios, los escombros y los cadáveres cayeron sobre el apartamento de la planta baja de un miembro de nuestro personal.

Ese mismo día, nuestros equipos en Deir al Balah, en el centro de Gaza, atendieron a 12 personas. Siete de ellas eran niños, que resultaron heridos después de que las fuerzas israelíes atacaran un funeral en Al Nuseirat. En total, este ataque causó la muerte de ocho personas y dejó 20 heridos. 

Entre los fallecidos se encontraba el hijo de 21 años de un miembro de nuestro personal. Nuestro compañero recibió la noticia mientras trabajaba en otra sala de urgencias. No se trata de incidentes aislados, sino de una instantánea de 48 horas en Gaza.

El alto al fuego como arma de guerra

Del mismo modo, la línea amarilla, negociada como parte del alto al fuego con el pretexto de la seguridad, se ha convertido en otro mecanismo de control y violencia de las fuerzas israelíes. Dividiendo la Franja, confinando a los palestinos a un espacio cada vez más reducido y exponiendo a la población a una violencia continuada e impune.

Esta misma semana, una madre contó a nuestros equipos que su hijo de 14 años, que tiene síndrome de Down, recibió cinco disparos de francotiradores israelíes cerca de la línea amarilla mientras jugaba cerca de su casa.

Un alto al fuego debería garantizar que se suspendan las hostilidades, las armas se silencien y la población en toda la Franja esté a salvo de los ataques. No se puede justificar su uso como arma de guerra ni el refuerzo del confinamiento a una fracción de Gaza.

Los graves efectos del conflicto en la salud mental

Alto al fuego en Gaza
Un miembro del personal de MSF revisa la lesión de Saad Hussein, quien se ve obligado a vivir con un fijador externo tras haber resultado herido en 2025 durante una distribución de alimentos organizada por la Fundación Humanitaria de Gaza. Centro de atención primaria de salud Al Mawasi, Khan Younis, Gaza.

Más allá de las secuelas físicas, nuestros equipos siguen observando en toda Gaza niveles abrumadores de duelo, ansiedad, trastornos del sueño y angustia psicológica. Esto se ve tanto en adultos como en niños. En lugar de remitir, estos síntomas siguen acumulándose bajo los continuos ataques aéreos, el desplazamiento y el deterioro de las condiciones.

Algunos pacientes, entre ellos madres, cuentan a nuestros equipos que tienen pensamientos suicidas. Para los palestinos, un alto al fuego significaría crear las condiciones para que la gente pueda hacer el duelo, empezar a reconstruir sus vidas y recuperarse de la violencia que han sufrido. Y esto no ha ocurrido en Gaza.

La recuperación psicológica no puede producirse mientras sigan cayendo bombas. El ruido constante de los drones sobre sus cabezas, solo se interrumpe cuando un ataque alcanza el suelo. La gente vive con el miedo de no saber si ellos, sus familiares o sus vecinos van a sobrevivir al día.

La protección de la población civil no comienza cuando se firma un alto al fuego. La población civil debe estar protegida y debe facilitarse la ayuda también durante las hostilidades activas. Tras diez meses de este supuesto alto al fuego, las heridas de la guerra no solo no se han curado: siguen infligiéndose.

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