La violencia alcanza niveles sin precedentes en la República Centroafricana

Decenas de miles de personas en la República Centroafricana han huído tras la nueva oleada de ataques y ejecuciones sumarias perpetrados en el noroeste del país por distintos grupos armados y por las fuerzas del Gobierno. Más de 30.000 desplazados se encuentran en Bossangoa y miles de personas más en los alrededores. Las condiciones en […]

Decenas de miles de personas en la República Centroafricana han huído tras la nueva oleada de ataques y ejecuciones sumarias perpetrados en el noroeste del país por distintos grupos armados y por las fuerzas del Gobierno. Más de 30.000 desplazados se encuentran en Bossangoa y miles de personas más en los alrededores. Las condiciones en las que están viviendo son sumamente precarias, con un escaso o nulo acceso a lugares de refugio, sin ningún tipo de servicios sanitarios y prácticamente sin alimentos ni agua potable. Médicos Sin Fronteras (MSF) hace un llamamiento urgente a todos los grupos armados para que se respete tanto a la población civil como a los trabajadores médicos y humanitarios, e insiste en la necesidad de que se despliegue ayuda de emergencia en todo el país de manera inmediata.

»En Bossangoa hemos atendido a más de 60 heridos en el último mes. La mayoría de las lesiones que presentaban habían sido causadas por armas de fuego o por machetes. Muchos de las víctimas eran mujeres y niños», explica Erna Rijinierse, cirujana de MSF. »Más del 80% de las operaciones quirúrgicas que estamos haciendo estos días se deben a causas directamente relacionadas con el conflicto. Las escenas que estamos presenciando en las aldeas donde trabajamos son escalofriantes: aldeas quemadas, asesinatos, ejecuciones masivas… todos aquellos que han tenido que huir a la desesperada no sólo necesitan ayuda. Tenemos que garantizarles toda la protección que les pueda proporcionar la presencia de organizaciones humanitarias”.

Entre las víctimas atendidas por MSF son numerosas las personas que dicen haber presenciado o sufrido actos de violencia por motivos religiosos. Hay quienes han visto como mataban a ocho personas después de haber sido capturadas. Fueron separadas del resto del grupo con el que trataban de huir en un camión y ejecutadas. Otros han sido testigos del asesinato selectivo de dos hombres en un pueblo, lo cual ha llevado a muchos otros habitantes de su misma religión a dejar apresuradamente el lugar.

En este clima de miedo y de violencia generalizada, la gente huye hacia el interior del bosque y trata de reagruparse con otras personas para tratar de sentirse más a salvo. En Bossangoa, alrededor de 28.000 ciudadanos han sido acogidos en la misión católica, lo cual sobrepasa en mucho la capacidad real de este lugar. Unas 1.200 personas más han buscado refugio en el recinto de un hospital y lo han convertido en un improvisado campamento. Otras 1.000 están cerca de la pista de aterrizaje que hay junto al pueblo y 400 más se han instalado en una escuela. Dado que la estación de lluvias aún no ha terminado, todos aquellos que se han ido al bosque tratando de huir de los ataques están expuestos a contraer la malaria, la primera causa de muerte en la República Centroafricana.

Según Ellen Van der Velden, coordinadora general de MSF en la RCA, »todas estas personas no disponen de refugio y duermen donde pueden: en las iglesias, en las escuelas, o bajo los árboles. Viven en una situación de enorme precariedad y se ven obligados a cocinar, comer, dormir, lavarse y defecar en el mismo lugar. Con estas condiciones de higiene tan desastrosas, el riesgo de que surjan epidemias se incrementa enormemente. MSF es una de las pocas ONG que trabajan en las zonas del país afectadas por el conflicto. Brindamos atención médica y quirúrgica, proporcionamos acceso al agua potable, llevamos a cabo actividades de saneamiento y prestamos apoyo nutricional, pero esta gente necesita mucha más ayuda y esta se debe desplegar con urgencia». En todas sus instalaciones médicas, MSF atiende y trata a todos los pacientes que llegan, independientemente de su religión o de su afiliación política.

Además de los reseñados ataques de Bassangoa, desde finales de septiembre se han producido otros enfrentamientos violentos y múltiples asesinatos selectivos en Bouca y Garga, en el noroeste del país, así como en Mbaiki, en el suroeste. Tanto la población civil como el personal médico y los trabajadores humanitarios han sido víctimas de la violencia expresamente dirigida contra ellos. MSF ha sido testigo directo de la ejecución de personal médico, así como de muchos ataques violentos contra el personal humanitario. En Bouca, la organización sigue prestando asistencia a las 400 familias que se han reagrupado tras la quema de sus casas el pasado mes de septiembre. “Si esta inestabilidad continúa, el acceso a la atención médica de las personas afectadas por el conflicto se verá aún más comprometida”, concluye Aurora Revuelta, coordinadora médica de MSF en RCA.

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La RCA ha vivido desde hace décadas en una situación de constante inestabilidad política y militar que han convertido a este país en un contexto de emergencia humanitaria y sanitaria crónica. Tras el golpe de Estado del pasado mes de marzo, la situación se ha deteriorado todavía más. Seleka, coalición rebelde que estuvo a la cabeza del golpe de Estado, se ha convertido en el Gobierno «de facto» en el país. Las referencias a » las fuerzas del gobierno» que se hacen en este comunicado de prensa se ​​refieren a Seleka , ex Seleka o a los grupos armados afiliados a la misma coalición. Desde principios de septiembre se han producido enfrentamientos violentos entre grupos armados y fuerzas gubernamentales en diferentes zonas del país.

El conflicto ha incrementado todavía más las necesidades médicas, muy grandes ya antes del golpe de Estado, incluso en las zonas del país que se consideraban más estables. El sistema de salud sufre de una escasez crónica de personal calificado y los servicios públicos de salud fuera de la capital son prácticamente inexistentes. La escasez o falta de medicamentos esenciales es muy habitual y muchos centroafricanos no tienen medios para pagar la atención y el tratamiento médico. Una gran parte de la población no tiene acceso a los servicios médicos, incluso a la atención más básica, y la tasa de mortalidad en el país está muy por encima del umbral de emergencia .

MSF trabaja en RCA desde 1996. Actualmente, cuenta con siete programas regulares (en Paoua , Carnot, Zemio , Boguila , Kabo y Batangafo Ndélé) y ha iniciado recientemente proyectos de emergencia en Bossangoa, Bouca, Bria y Gadzi. A finales de 2012, 1.300 personas trabajaban para MSF en el país.

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