Siria: la ayuda humanitaria, en punto muerto tras dos años de conflicto

En el segundo aniversario de las protestas del 15 de marzo de 2011, que dieron lugar al violento conflicto en Siria, la situación humanitaria es catastrófica y la ayuda aportada no cubre las necesidades. La parálisis diplomática a la hora de facilitar una solución política al conflicto sirio no puede justificar el fracaso de la […]

En el segundo aniversario de las protestas del 15 de marzo de 2011, que dieron lugar al violento conflicto en Siria, la situación humanitaria es catastrófica y la ayuda aportada no cubre las necesidades. La parálisis diplomática a la hora de facilitar una solución política al conflicto sirio no puede justificar el fracaso de la respuesta humanitaria. Médicos Sin Fronteras (MSF) pide a las partes involucradas que negocien un acuerdo que facilite el encauzamiento de la ayuda humanitaria a todo el territorio, partiendo de los países vecinos o cruzando las líneas del frente. Mientras tanto, Naciones Unidas, estados y donantes internacionales deben reconocer la fragmentación que sufre el país y brindar urgente apoyo a las organizaciones no gubernamentales para que éstas trabajen allí donde puedan.

La población siria se enfrenta a un conflicto de violencia extrema y a una situación humanitaria de dimensiones catastróficas: el sistema de salud, que funcionaba adecuadamente antes de la guerra, ha colapsado; la escasez de alimentos es usual y el servicio de agua y electricidad está interrumpido.

“La ayuda médica está en el punto de mira, se destruyen hospitales y se persigue al personal médico”, explica el director de Médicos Sin Fronteras Argentina, Luis Paiz Bekker. Según Naciones Unidas, 2,5 millones de sirios fueron desplazados en el interior de su país, un 57% de los hospitales ha sufrido daños y un 36% de éstos ni siquiera funciona. Estas estadísticas no incluyen las clínicas privadas y hospitales improvisados que también han sido destruidos o dañados.

Cada día, más de 5.000 sirios salen del país huyendo del conflicto; según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR), la cifra total de refugiados llega ya al millón de personas. En su mayor parte, se establecen en países vecinos, donde los programas de ayuda son insuficientes y apenas pueden hacer frente a este volumen de personas.

Mientras que las necesidades de la población son considerables en todo el territorio sirio y entre los refugiados en los países vecinos, la ayuda que se está brindando es claramente insuficiente. En las zonas bajo control del gobierno, la asistencia es gestionada por la Media Luna Roja Siria y otras organizaciones locales, autorizadas por el gobierno para tareas de reparto de la ayuda. Las agencias de la ONU y organizaciones internacionales que cuentan con autorización gubernamental están obligadas a trabajar junto a contrapartes locales, cuyo campo de actuación está geográficamente limitado a ciertas regiones y cuyas capacidades están saturadas.

En las zonas controladas por la oposición, en cambio, la ayuda internacional es muy restringida. La mayor parte de la asistencia que reciben los civiles procede de la diáspora siria, de los países ‘amigos’ de la oposición y de las redes de solidaridad político-religiosa, y por tanto queda sometida a las agendas políticas de cada uno de estos actores. MSF, que no tiene acceso a los territorios controlados por el gobierno por falta de autorización gubernamental, ha podido abrir tres hospitales en el norte del país, y constata que la ayuda es insuficiente en relación con las enormes necesidades de la población.

Frente a esta situación, resulta urgente incrementar la capacidad de los actores humanitarios para que puedan desplegar una ayuda imparcial en todo el territorio sirio. “Las autoridades de Damasco tienen en sus manos el salir de esta parálisis y eliminar los obstáculos para brindar una asistencia independiente en todo el país”, explica Teresa Sancristóval, responsable de la Unidad de Emergencias de MSF. “Pedimos a las partes en conflicto que, a falta de una solución política, alcancen al menos un acuerdo básico sobre la ayuda humanitaria para facilitar su llegada de la forma más eficaz posible”.

Tal acuerdo debería precisar las modalidades prácticas del despliegue de la ayuda, en el marco de operaciones humanitarias llevadas a cabo desde los países vecinos o a través de las líneas del frente. MSF llama también a los beligerantes a respetar las estructuras médicas.

Mientras tanto, la ausencia de este acuerdo no debe impedir a las ONG internacionales actuar allí donde puedan, sea cual sea la autoridad que controle el territorio. Los estados y Naciones Unidas deben respaldar las operaciones humanitarias transfronterizas, y la ayuda imparcial a las zonas controladas por la oposición y a las áreas desasistidas no deben quedar sujetas a las sanciones del gobierno sirio.

Médicos Sin Fronteras cuenta con tres hospitales en el norte de Siria, ha atendido a 16.000 pacientes y practicado 1.560 operaciones quirúrgicas. Los equipos de MSF intervienen también en Líbano, Irak, Jordania y Turquía, prestando asistencia a los refugiados sirios.

Ver Video: Siria, dos años después


Testimonio del cirujano argentino Andrés Carot, desde Siria:

“Ese día de febrero llegaron a la sala de emergencias de Médicos Sin Fronteras más de 80 heridos por el conflicto armado. Llegaban en olas. Con el equipo, clasificábamos a los pacientes según la gravedad de sus lesiones y su posibilidad de sobrevivir con un tratamiento quirúrgico urgente. Teníamos un solo quirófano; éramos un cirujano, un anestesista, tres médicos generales y varios enfermeros. Vinieron a ayudarnos gente del pueblo y médicos de otros centros de salud.

Ese día operé a un paciente con varias heridas graves en el abdomen causadas por proyectiles. Luego de la cirugía lo enviamos a Turquía, con una mínima esperanza de que sobreviviera en una sala de cuidados intensivos. Muchos pacientes murieron, y muchos se salvaron.

Tres semanas más tarde, una enfermera me avisa de la llegada de una persona en buen estado de salud: era aquel paciente, que había pensado que no se iba a salvar y que ahora, sano, venía al hospital para agradecernos.”

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