Los recortes de la ayuda humanitaria obligan a cerrar centros médicos de forma masiva en todo Sudán

Advertimos que la retirada de la reducción de la financiación internacional colapsa un sistema sanitario ya frágil, desborda los escasos hospitales operativos y deja a millones de personas sin asistencia sanitaria.

La población de Sudán se enfrenta a un acceso cada vez más limitado a la asistencia sanitaria, a medida que los centros de todo el país cierran sus puertas. El impacto de los recortes generalizados e históricos de la ayuda internacional por parte de los gobiernos comienza a hacerse notar en medio de una guerra brutal y de una crisis humanitaria catastrófica.

Esta crisis ya adolecía de una falta crónica de financiación. Y nuestros equipos advierten que esta retirada de apoyo priva a la población de una atención sanitaria vital y lleva al límite a los pocos hospitales que quedan.

En un momento en el que los líderes mundiales se reúnen en la Asamblea General de la ONU, los gobiernos y los donantes institucionales deben proteger la financiación de los servicios sanitarios esenciales en Sudán. Y deben proporcionar financiación transitoria flexible en los casos en que los centros corran riesgo de cierre.

¿Qué está pasando en Sudán?

Una bandera sudanesa rasgada ondea sobre un centro de atención médica primaria cerrado en el campamento de desplazados internos de Hashayisa, en Zalingei. Los recortes en el financiamiento humanitario internacional han provocado que los desplazados internos y las comunidades de acogida de todo Darfur vean cómo los centros en los que solían confiar para recibir atención médica primaria ya no cuentan con personal ni con el equipo necesario.

Con la retirada de las organizaciones humanitarias, las clínicas locales se quedan sin los fondos ni los medicamentos necesarios para funcionar. Para los pacientes, esto supone tener que soportar viajes largos y peligrosos solo para recibir tratamiento. Mientras buscan ayuda donde pueden, los escasos hospitales que siguen operativos están absorbiendo el exceso de pacientes. Entre enero y abril de 2026, los ingresos en los centros que apoyamos en Zalingei y Rokero se dispararon un 22,5% frente al mismo periodo del año anterior.

La caída de la financiación se está produciendo a un ritmo vertiginoso. Solo en mayo, los donantes internacionales retiraron su apoyo a más de 45 centros de atención sanitaria general en el estado Darfur Central.

“La guerra está agravando las necesidades de Sudán; los recortes de financiación están reduciendo la respuesta”, afirma Muhammad Ibrahim, nuestro coordinador general en Sudán. “El trabajo de MSF en Sudán se financia con fondos privados. Pero cuando desaparece la financiación de otros servicios sanitarios, las clínicas cierran, los pacientes tienen menos lugares a los que acudir y la presión recae sobre los centros que permanecen abiertos, incluidos los nuestros”.

“Los donantes deben proteger los servicios sanitarios esenciales y proporcionar una financiación sostenida y flexible a las organizaciones que dependen de ella”, recalca Ibrahim.

Un nuevo obstáculo para la población refugiada

Fatima Saleh Al Fadil le da leche de fórmula a su hijo Al Rasheed Abdullah Ousman, de 18 días de edad, en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Universitario de Zalingei.

En el campo de Tenedba, en el estado de Gedaref, donde viven 18.400 refugiados, la repentina marcha de una organización humanitaria en junio provocó el cierre de las salas de maternidad y cirugía del campamento. Las mujeres embarazadas que necesitan cesáreas se enfrentan ahora a un viaje de tres horas hasta la ciudad más cercana. Desde Médicos Sin Fronteras hemos intervenido para gestionar la sala de urgencias de allí hasta finales de 2026.

En 2021, unas 35 organizaciones humanitarias trabajaban en el campo de Um Rakuba y sus alrededores, en el estado de Gedaref. En la actualidad, quedan menos de 10. El campo acoge ahora a unos 17.000 refugiados, en su mayoría mujeres, niños y niñas.

“Nuestro hospital de Um Rakuba es ahora el único salvavidas que les queda tanto a los refugiados como a la comunidad sudanesa local”, expone Fabrizio Locuratolo, nuestro responsable de Asuntos Humanitarios. “Pero los recortes aquí van mucho más allá de la atención sanitaria. Las raciones de comida se están reduciendo y los programas de protección se están desmantelando, lo que elimina las últimas redes de seguridad y deja a los refugiados completamente desprotegidos”.

Naciones Unidas, USAID y una crisis sanitaria cada vez más grave

Tras el anuncio del gobierno de Estados Unidos del cierre de USAID en 2025, los fondos destinados a numerosas organizaciones que recibían financiación para trabajar en Sudán finalizaron en junio de este año. Muchos de los proveedores de asistencia sanitaria existentes no han podido encontrar fuentes de financiación alternativas para seguir facilitando sus servicios. Esto ha provocado el cierre de centros sanitarios en todo el país.

«No hay comida para alimentar al bebé. No tengo trabajo para poder darle de comer. Nos hemos debilitado». Mohamed Khamis Abdelmolla y su hijo Mobasher en un campamento para desplazados internos en Hamidya. Mobasher fue ingresado en el centro terapéutico de alimentación de MSF en el hospital universitario de Zalingei después de que le diagnosticaran desnutrición. Su papá dice que, desde que fueron desplazados de su granja, han perdido todas sus pertenencias y él no tiene forma de generar ingresos.

Al igual que los profesionales sanitarios se enfrentaban a la inminente retirada del apoyo estadounidense, muchos gobiernos europeos también redujeron su ayuda a la población de Sudán.

Los presupuestos de ayuda europeos y multilaterales también se están reduciendo a nivel global. Los datos preliminares de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) muestran que la ayuda de las instituciones de la UE se redujo un 13,8% en 2025. Mientras que varios donantes europeos importantes también redujeron sus fondos. A nivel mundial, la ayuda humanitaria se redujo en un 35,8%.

Estas cifras no representan recortes equivalentes en Sudán, donde algunos donantes europeos han mantenido o aumentado su apoyo. Sin embargo, apuntan a un entorno de financiación internacional en fuerte contracción. En Sudán, esa contracción generalizada agrava una crisis sanitaria ya de por sí grave. La retirada de fondos específicos y el cierre de programas reducen el acceso a la asistencia sanitaria.

Los pacientes siguen, las clínicas que necesitan desaparecen

“Cerrar una clínica no hace que desaparezca ni a un solo paciente, solo los envía al centro más cercano”, explica Sebastián Traficante, nuestro coordinador de emergencias en Darfur. “Tras un viaje más largo y costoso, los pacientes suelen llegar en un estado mucho más grave, y es posible que el hospital ya esté lleno. MSF puede reforzar algunos servicios, pero no podemos absorber todos los cierres”.

Ell campo de desplazados de Hamidiya, en Darfur Central, es un centro de salud que antes ofrecía atención materna, pediátrica y de salud mental. Hoy funciona con una capacidad muy reducida después de que una organización de ayuda internacional dejara de prestarle apoyo. Las visitas diarias de pacientes han bajado de 200 a apenas 40, y se han suspendido las vacunaciones.

Este descenso no es señal de que la población esté más sana. Simplemente han dejado de desplazarse hasta un centro que ya no podía atenderles. Un jornalero en Darfur gana aproximadamente 1 dólar al día. Por lo tanto, los 2 dólares que cuesta el transporte para llegar a una clínica en funcionamiento suponen el salario de unos dos días. Esto obliga a los residentes a elegir entre la asistencia sanitaria y la comida. “Con ese dinero podríamos comprar alimentos”, explicó un paciente a MSF. “Si no hay comida, no puede haber salud”.

El trabajo de MSF en Sudán

A pesar de la presencia de unas 50 ONGs en Tawila, persisten carencias críticas para hasta 600.000 personas desplazadas. Desde MSF gestionamos el único hospital de la zona, con 200 camas. Además, somos la única organización con capacidad para organizar una respuesta a gran escala ante una epidemia. Los casos de malaria y desnutrición ya están aumentando, a pesar de las escasas precipitaciones, antes incluso de que llegue el pico de la temporada de lluvias. Nuestros equipos preven que las cifras aumenten a medida que las lluvias se intensifiquen

En agosto, nuestros equipos ingresaron a 191 niños y niñas menores de 5 años con desnutrición grave en su centro de alimentación terapéutica para pacientes hospitalizados. Casi el 22% también dio positivo en las pruebas de malaria.

Estos cierres se producen en medio de una crisis humanitaria a gran escala que adolece de una grave falta de financiación. La ONU informa de que se prevé que 825.000 niños y niñas menores de 5 años padezcan desnutrición aguda grave y que 19,5 millones de personas se enfrentarán a una situación de hambre de nivel de crisis a principios de este año. Esto significa que las familias o bien no tienen suficiente comida para alimentarse o solo pueden satisfacer sus necesidades alimentarias básicas recurriendo a medidas como la venta de los bienes de los que dependen para sobrevivir.

Sin embargo, el plan de respuesta de la ONU, de 2.870 millones de dólares, apenas cuenta con una financiación del 41%, y se estima que el 37% de los centros sanitarios de Sudán están completamente fuera de servicio según la Organización Mundial de la Salud. 

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