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08.04.2019

Cuáles son las enfermedades crónicas pediátricas más comunes

Con motivo de nuestros Días Pediátricos, recordamos que en muchos países en desarrollo o en situaciones de conflicto, los más pequeños con enfermedades crónicas corren el riesgo de morir por falta de tratamiento. Los Días Pediátricos de Médicos Sin Fronteras (MSF) buscan responder a la necesidad urgente de mejorar la calidad de la atención pediátrica en contextos de emergencias humanitarias.

Enfermedades comunes crónicas pediátricas
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Cardiopatía reumática

La cardiopatía reumática comienza con una infección de la garganta durante la infancia, causada por la bacteria estreptococo. Si no se trata o se trata inadecuadamente, puede provocar fiebre reumática, una reacción inflamatoria en el cuerpo, que puede originar daños en una válvula cardíaca y, con el tiempo, insuficiencia cardíaca. La cardiopatía reumática es la enfermedad cardíaca adquirida más común entre los niños y jóvenes en los países en desarrollo y afecta a alrededor de 33 millones de personas en todo el mundo. La fiebre reumática puede darse a cualquier edad, pero generalmente se presenta en niños de 5 a 15 años

“Con diagnósticos tempranos y antibióticos disponibles, los niños con estas infecciones son tratados de inmediato, por lo que ya casi no vemos casos de cardiopatías reumáticas en los países desarrollados”, explica la doctora Myrto Schaefer, nuestra directora médica adjunta.

“Sin embargo, en los países en desarrollo, es un gran problema porque con frecuencia no se identifica la enfermedad en los niños o no se trata lo suficientemente pronto. Es probable que estos niños desarrollen la afección, pero pueden pasar años hasta que presenten síntomas graves de insuficiencia cardíaca. Cuando finalmente se diagnostica a los niños, a menudo el único tratamiento posible será una cirugía cardíaca para reemplazar la válvula dañada, algo que no está disponible en muchos lugares del mundo”. 

La cardiopatía reumática es uno de los temas a tratar en la sesión de enfermedades pediátricas no transmisibles durante los Días Pediátricos de Médicos Sin Fronteras (MSF), estos  buscan responder a la necesidad urgente de mejorar la calidad de la atención pediátrica en contextos de emergencias humanitarias. La tercera edición de los Días Pediátricos se celebró en Estocolmo el 5 y 6 de abril de 2019.

Diabetes tipo 1

La diabetes tipo 1 se desarrolla con mayor frecuencia en niños y adolescentes. El páncreas, el órgano que produce la insulina, deja de producir esta importante hormona y el cuerpo ya no puede utilizar el azúcar en el cuerpo. Como necesitamos insulina para sobrevivir, para tratar la diabetes es esencial suministrar la insulina que falta. Y será necesario hacerlo de por vida. “En muchos países en desarrollo, la insulina no se consigue fácilmente. Quizás por eso no vemos a muchos adultos con diabetes tipo 1, particularmente en áreas rurales, porque han muerto. Vemos adultos con diabetes tipo 2 en algunos de los países donde trabajamos, pero este es un tipo diferente de diabetes, más vinculado al estilo de vida. De modo que, cuando hablamos de niños, generalmente, hablamos del tipo de diabetes dependiente de la insulina, el tipo 1”, explica la doctora Schaefer.

La insulina para el tratamiento de la diabetes existe desde la década de 1920 y ha habido un progreso considerable con respecto a los diferentes tipos y formas de insulina. Sin embargo, en términos de disponibilidad en contextos con deficiencias en infraestructuras sanitarias y de carácter general, todavía hay un largo camino por recorrer por varias razones. Por ejemplo, una es que la insulina se inyecta en el organismo. Esto requiere una jeringa y una aguja, o en entornos más ricos, una “pluma” de insulina y una aguja, lo que significa que la administración es complicada y para las agujas es necesario disponer de sistemas de desecho seguros. Una segunda razón es que la insulina solo se puede almacenar de manera segura hasta 30 grados Celsius y, además, solo durante unas pocas semanas. Estas condiciones son muy limitantes para algunas partes del mundo. Una tercera razón es que el coste de las plumas de insulina, que son más seguras, más simples y más cómodas de usar, es muchas veces superior al de los viales y las jeringas.

“El acceso supone un desafío enorme en el caso de los medicamentos, pero no solo a ellos, también el acceso a herramientas como los dispositivos para que los pacientes se controlen la glucosa y otras pruebas de laboratorio. Lo más importante es que, para tratar una enfermedad crónica como la diabetes en los niños, también se necesitan buenas herramientas de educación para el paciente, adaptadas a diferentes grupos de edades y poblaciones que pueden no estar alfabetizadas, y personal capacitado para brindar este apoyo. Estamos muy lejos de eso”, subraya Myrto.

Epilepsia

La epilepsia es una enfermedad crónica no transmisible del cerebro caracterizada por convulsiones recurrentes, que son episodios breves de movimientos involuntarios. “Todavía hay un estigma social muy fuerte relacionado con la epilepsia en muchos lugares del mundo. En algunos países en los que trabaja MSF, la noción de epilepsia sigue distorsionada por el mito y el miedo. Las personas con epilepsia sufren exclusión social, lo que puede llevar a que los niños sean excluidos de la escuela. Esto es una desventaja adicional a la epilepsia, que a menudo no es tratada. Con frecuencia, la atención médica no aborda la epilepsia debido a la idea errónea de que no es una afección médica que pueda tratarse. De hecho, el 75% de todas las personas con epilepsia en países de ingresos bajos o medios no reciben tratamiento”, explica Myrto.

En Liberia, hemos iniciado un programa para brindar atención médica y psicosocial a niños y adultos con epilepsia en el ámbito de nuestros programas de salud mental, dirigido también a la lucha contra el estigma social. “En el programa participan profesionales sanitarios de la comunidad que llevan a cabo sesiones educativas y entablan relación con las escuelas para que los niños puedan reincorporarse a la escuela. Niños que han sido excluidos de la escuela. Tratando a los niños y explicando a los maestros qué hacer en caso de convulsiones, ayudamos a desestigmatizar la enfermedad”, explica Schaefer.