Colombia, el duelo suspendido

MSF

En el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzosas, Giulia Panseri, nueva coordinadora del proyecto de asistencia psicológica en Puerto Asís y Cali da un panorama de la situación en Colombia.

Esfumados. Dejan un vacío que sus familiares llenan con conjeturas, deseos, frustraciones, dudas, incertidumbres, ansiedades, desespero o depresión. 83.000 seres humanos desaparecidos en los cincuenta años de guerra en Colombia, a manos de guerrilleros, paramilitares, grupos criminales, fuerzas del Estado. 83.000 familias que no saben cuándo podrán llorar a los suyos porque no saben qué les pasó. 83.000 duelos suspendidos.

Trabajamos desde hace un año en Puerto Asís y Cali para ofrecer asistencia psicológica y acompañamiento a familiares y allegados de víctimas de Desaparición Forzosa, cuyo Día Internacional se conmemora hoy, 30 de agosto. Giulia Panseri es la nueva coordinadora del proyecto, al que se incorporó hace dos meses.

¿Qué significan 83.000 desaparecidos en Colombia?

Es una monstruosa herida abierta que hay que reparar. Y es una herida que no cesa de abrirse también, porque todavía sigue pasando. Hemos tenido pacientes a los que les han desaparecido un ser querido hace seis meses o un año. No son los que más, pero siguen llegando.

El daño es enorme. Entre las familias el desconocimiento de lo que sucedió a los suyos causa tremendo dolor. No saber la verdad, no saber el paradero, no tener certeza. El duelo suspendido. Mes tras mes. Año tras año.

Y el silencio, que acrecienta el dolor. Todavía hay mucho miedo a hablar a preguntar qué pasó al hermano, al padre, al primo, a la hija, y también se da la estigmatización de las familias. Esas miradas que dicen “si se lo llevaron, por algo sería”. Es una dinámica que hay que combatir frontalmente desde todas las esferas, desde las instituciones. Y ahí es donde falta mucho por hacer. Estamos hablando de un crimen de lesa humanidad en toda su magnitud.

¿Cómo es la respuesta de las instituciones?

Falta mucho por hacer. En estos momentos, son 3.000 los cuerpos recuperados que todavía están por entregar a sus familiares. Pero faltan recursos y esfuerzos. La Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas ha sido creada, pero necesita recursos, presupuestos, plazos y límites para poder llevar a cabo su misión de forma exitosa. En este sentido, el futuro es también una incertidumbre, el nuevo gobierno y cómo enfocará este tema, cómo quedarán los acuerdos de paz firmados que podían ser una fuente de información del paradero de desaparecidos, etc. Tenemos que esperar para ver cuáles serán los pasos de la nueva administración en este tema.

¿Cómo es un buen día para los equipos de Médicos Sin Fronteras?

Nuestro proyecto es particular. No es una intervención médica en la que ves cómo alguien mejora en horas o en días de una enfermedad, de una malaria, por ejemplo. La salud mental requiere de tiempo, pero por supuesto un buen día es cuando “cierras” un caso, cuando, a pesar de que no han recuperado a su ser querido, el paciente puede continuar adelante con su vida, que la sintomatología que le atenazaba (tristeza, ansiedad, depresión, estrés post-traumático, irritabilidad, etc.) desaparece y dispone de herramientas para combatirla. Cuando también, como nuestra atención es integral, se le ha acompañado de forma exitosa en todo el proceso (para la búsqueda del ser querido, jurídico, de rehabilitación y reparación). Eso es un buen día.

¿Cuántos pacientes llevas atendidos?

En total, 297. En los últimos seis meses, 203. Son números que van incrementándose a medida que nos van conociendo más. Tenemos que tener en cuenta que Cali es una ciudad grande, la tercera del país y es más difícil darte a conocer. En Puerto Asís es diferente, porque es más pequeño, pero ahí la dificultad son las distancias, que la gente de las veredas, de las zonas rurales lleguen a nosotros. Si detectamos o nos hacen llegar aviso (otras organizaciones con las que trabajamos, instituciones, etc.) de grupos familiares en un determinado lugar que podrían beneficiarse de nuestra ayuda, somos nosotros los que vamos a ellos. Es un modelo que queremos potenciar.

Aun así, se hace evidente la realidad del silencio que la gente todavía cree que debe guardar, del estigma, de la incertidumbre sobre el futuro, de la desconfianza y el miedo, gente que ha recibido amenazas y ha sido extorsionada cuando ha intentado saber sobre sus desaparecidos. Hay todavía mucho por hacer.

¿Algún paciente en particular que recuerdes?

Una paciente ya no quería recibir atención en salud mental, no creía que eso la iba ayudar, porque en algún momento un psicólogo que la había atendido le decía que tenía que vivir el duelo… y ella se preguntaba “¿de qué?” si ella no tenía cuerpo, no tenía nada. Pero a través de la atención psicológica de nuestro personal, que sí enfoca la terapia en las caracterizaciones específicas de la Desaparición Forzada, logró cerrar exitosamente el proceso de recuperación emocional.

Además de la atención psicológica, en paralelo la pusimos en contacto con otras asociaciones de familiares de desaparecidos, con asesoría jurídica, con talleres productivos etc. Tenemos que entender que no nos podemos quedar exclusivamente con la atención psicológica. Saber que no están solos, colaborar con otros que están en su misma situación ayuda también terapéuticamente. Y una desaparición afecta en muchas ocasiones a la economía familiar, con lo que las repercusiones de una desaparición son múltiples. De ahí que nuestra acción tenga que ser lo más integral posible a través de la coordinación con otras organizaciones que responden a otras necesidades que nosotros no atendemos directamente.

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