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21.09.2018

Bienvenidos a Sudán del Sur: la “capital humanitaria”

¿Qué imaginas cuando escuchas que Sudán de Sur es el país más “nuevo” en el mundo? La epidemióloga checa Tereza Kaplanova comparte en este blog sus pensamientos sobre su llegada al país afectado por el conflicto en su primera misión con Médicos Sin Fronteras.

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Cuando escuchamos la palabra “nuevo”, solemos imaginar algo moderno, con buen funcionamiento, algo brillante, ¡incluso un regalo envuelto!

Bienvenidos a Sudán del Sur, el país más nuevo del mundo. Un país en donde la esperanza de vida es de apenas 56 años. Donde el índice de mortalidad materna es uno de los más altos en el mundo y los niños menores de 15 años representan más del 40% de la población. Donde la tasa de alfabetización es del 27% y la tasa de desempleo alcanza el 88%.

Después de lo que se convirtió en la guerra civil más larga de África, Sudán del Sur obtuvo su independencia en 2011. Sin embargo, un nuevo conflicto estalló a fines de 2013 en medio de una lucha de poder entre las facciones gobernantes. Bienvenidos al país más nuevo del mundo.

 Expectativas

Entonces, ¿qué esperaba antes de llegar a Sudán del Sur? En realidad, no esperaba nada. Hasta ahora, no estoy segura de si lo que he visto es peor o mejor que eso.

Después de llegar a Juba, la capital, estaba muy sorprendida por el bajo número de personas armadas en las calles, solo algunos oficiales cuidaban los lugares públicos. Por el contrario, las personas sonreían, aplaudían y me animaban mientras salía a trotar por las mañanas alrededor de la cuadra.

Necesitaba seguir recodándome a mí misma que este era el mismo país donde los niños son reclutados forzosamente para ser soldados, donde las mujeres se enfrentan a la violencia sexual y donde he escuchado que varios trabajadores humanitarios habían sido tomados como rehenes en uno de los estados.  El mismo país donde he escuchado que personas locales fueron asaltadas, amenazadas y heridas en el mes que ha transcurrido desde que llegué.

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Refugio en Sudán de Sur para personas que huyen de la violencia.

Con una tasa de inflación promedio de más del 120%, el gobierno carece de recursos, y la población tiene problemas para comprar alimentos. Personalmente he sido testigo de cómo la tasa de cambio aumentó en un 30% de una semana a otra.

No me sorprendió que mis compras, las cuales consistían en café, yogurt, cereales, un pequeño paquete de cacahuates, sopa y aceite de oliva, rebasarán los 40 dólares. Si el camarón es uno de tus alimentos favoritos, prepárate para pagar más de 60 dólares por una bolsa congelada de 400 gramos.

Bienvenidos a Sudán del Sur, un país donde la economía colapsó hace siete años.

La capital humanitaria

Cuando manejas por Juba, es común ver publicidad producida conjuntamente por varias ONG que publicitan educación con su lema: "Nunca pierdo un día en la escuela. Educación accesible y equitativa para todos".

El aeropuerto de Juba ofrece un desfile de aviones y helicópteros humanitarios, ni siquiera pensé que hubiera tantos aviones del Programa Mundial de Alimentos en todo el mundo.

Bienvenidos a Sudán del Sur, la capital humanitaria.

MSF comenzó a trabajar en Sudán del Sur hace 35 años. En 2017, los gastos de MSF para Sudán del Sur superaron los 75 millones de euros. No hemos podido irnos. Algunos de nuestros proyectos han estado funcionando durante varios años, incluso décadas. Nos hemos encontrado atrapados en medio de una emergencia crónica.

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Durante mi primera visita a nuestro proyecto en Doro, una ciudad en el condado de Maban, en el norte del país, vi cómo MSF brinda atención médica a un campamento de refugiados de casi 60.000 personas, a la vez que proporciona un servicio para la comunidad local en la ciudad más cercana. En los dos sitios, nuestro personal atiende a más de 3.000 pacientes y ayuda a más de 50 mujeres a dar a luz cada semana.

La mayoría de las consultas con pacientes se relacionan con malaria, infecciones del tracto respiratorio y diarrea, pero el equipo también atiende a algunos pacientes por picaduras de alacrán y mordeduras de serpientes, tuberculosis, meningitis y muchas otras enfermedades sobre las que solo había leído anteriormente en los libros de texto.

El equipo sursudanés

No tenía expectativas al llegar a Sudán del Sur. De hecho, no esperaba que mis colegas de Sudán del Sur fueran la fuente principal de mi motivación diaria. Aprendí rápidamente a adaptarme a su cultura del apretón de manos, y a cambio de cada apretón de manos siempre recibo una gran sonrisa.

Mis colegas sursudaneses son muy entusiastas para aprender y compartir sus conocimientos.

Probablemente han explicado cómo funciona la recopilación de datos y los informes de sus departamentos a muchos integrantes del personal internacional antes de que me lo explicaran a mí, sin embargo, vuelven a explicármelo pacientemente. De igual manera, me escuchan cuando les informo que habrá un pequeño cambio en el registro de los pacientes y les digo cuidadosamente cómo deberán contar el número de pacientes y registrarlos en la hoja de registro.

Preguntas difíciles

No tenía expectativas al llegar a Sudán del Sur. No tenía idea que ese año, la malaria rebasa el umbral epidémico. No pensé que los picos de la desnutrición se justificaran como "estacionales" y que la comunidad humanitaria los descartaría. No podía imaginar lo que significaría que prácticamente se recortaran los fondos humanitarios.

No tenía expectativas al llegar a Sudán del Sur, pero ahora sé exactamente cómo luce una crisis humanitaria crónica.

Han pasado décadas desde que comenzó el conflicto en Sudán del Sur. Los titulares de los diarios siguen repitiéndose. La crisis de alimentos golpea al país año con año.  Los aviones del Programa Mundial de Alimentos continúan saliendo del aeropuerto uno tras otro.

Y yo me pregunto: ¿estoy haciendo lo suficiente? ¿Estamos haciendo lo suficiente? ¿Estás haciendo lo suficiente?