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02.10.2015

Refugiados sirios: una travesía sin fin

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Mohamed es originario de Derek, una ciudad en la región kurda al noreste de Siria, entre las fronteras con Irak y Turquía, pero se trasladó a Damasco donde trabajó como chofer de un minibús. Es padre de 4 hijos, el más pequeño todavía no camina. Mohamed y su familia huyeron de Damasco cuando la ciudad se volvió insegura.
Como miles de kurdos sirios, Mohamed y su familia terminaron cruzando hacia el Kurdistán iraquí, estableciéndose en el campo de refugiados de Domeez, que actualmente alberga a unas 40.000 personas. El apoyo a los refugiados sirios viviendo en campos como este fue cortado drásticamente este verano, cuando el valor de los cupones alimenticios fue rebajado de 31 dólares estadounidenses a tan sólo 10 dólares.
Cada día, muchas familias que viven en este campo de refugiados se preparan para lanzarse a lo desconocido: dejar el campo y empezar su trayecto hacia Europa, en donde esperan encontrar seguridad a largo plazo y reconstruir sus vidas. Mohamed nos cuenta la historia de la suya, en primera persona.
No me alegra irme, preferiría quedarme aquí si pudiera, cerca de mis padres, pero de verdad no tenemos alternativa. 
Hasta agosto estábamos obteniendo cupones alimenticios que nos permitían salir a flote, pero ahora que eso terminó no tenemos nada. Este verano, trabajé para un granjero, un buen hombre que conozco bien. Trabajé muy duro, el granjero fue el primero en decir que soy el mejor manejando el tractor. Pero no pudo vender su cosecha y sólo te pagan una vez que se vende el producto. Así que me dijo que no podía pagar y sé que es verdad.
¿Cómo alimentaré a mi familia? Pedí mucho dinero prestado para poder convertir nuestra tienda de campaña en una verdadera casa hecha de ladrillos. Terminé de hacerlo hace unas semanas. No hemos dormido en ella por mucho tiempo y ahora tenemos que irnos. Y ninguno de nosotros quiere irse, pero la situación es demasiado difícil en este lugar. 
La vida era buena en Damasco. Yo solía llevar a los niños al parque en mis días libres. Ellos amaban eso.
Cuando llegamos al campo de refugiados de Domeez no paraban de preguntarme por qué ya no íbamos al parque. Aquí no hay parques, sólo hay polvo por todos lados. 
Y aun así preferiríamos quedarnos en vez de irnos. Trabajé muy duro para poder convertir nuestra carpa en una casa. Ahora necesito venderla para pagar mi deuda. Hay muchos kurdos sirios viviendo a las afueras del campo que están dispuestos a mudarse a esta casa porque así no pagarían renta
Pero después de saldar mis deudas no quedará mucho dinero para pagar a los contrabandistas, así que simplemente dejaremos todo a la suerte: sólo nos iremos, seguiremos a todos los demás.
Viajaremos junto a otras familias, algunas de ellas son parientes nuestros, porque es demasiado peligroso moverse solo. Muchas personas están enfrentando los mismos problemas que nosotros y se están preparando para irse. Mis parientes sólo están esperando a que yo encuentre a alguien que esté dispuesto a comprar mi casa. 
Mi hermana quiere que su hija continúe sus estudios. Su marido se fue hace dos semanas pero fue detenido y encarcelado en Hungría. Durante días no supimos en dónde estaba o qué le había pasado, finalmente, nos informaron que había sido liberado ayer después de que el traficante sobornara al guardia.
La gente se mantiene en contacto por WhatsApp, siempre hay una familia que tiene un teléfono móvil que comparte con los demás.
Cuando dejamos Siria trajimos muy pocas cosas con nosotros, pero ahora sólo llevaré una tarjeta de memoria con nuestras fotos ¿Qué tipo de recuerdos esperas que tenga tras vivir en una carpa durante años?
Hemos huido tantas veces que ahora mis padres se niegan a hacerlo de nuevo. Me preocupa dejarlos atrás. De verdad no me quiero ir y temo por mi familia. Incluso cuando lleguemos a Turquía, si escucho que hay trabajo aquí, nosotros regresaremos.

 

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