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03.09.2018

Salvando a los pequeños Mulume y Bahati

Ida es una médica sueca de MSF en Kivu del sur, una región de República Democrática del Congo. En este blog cuenta la historia de cómo su equipo trabajó para salvar a dos niños en estado crítico, Mulume y Bahati.

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Mulume tiene dos años. Respira de forma rápida e inconstante. Ha tenido fiebre durante la última noche y no tuvo la fuerza para comer o tomar nada.

Esta mañana sufrió un ataque  y su mamá está preocupada, la trajo a un pequeño centro de salud en el centro de Ziralo, una provincia al este de República Democrática del Congo. Una vez allí, el  test de malaria le dio positivo al pequeño y pálido Mulume. Un análisis de sangre confirmó que ha estado sufriendo anemia por causa de esta enfermedad, la enfermera en el centro de salud transfirió a Mulume al nuevo hospital de MSF en Kusisa.

Transfusión de sangre

Ahora Mulume está acostado en una cama en la sala de emergencias del hospital.

Mis colegas y yo realizamos otro análisis de sangre. Este hemograma (o conteo sanguíneo) da tan bajo que necesita una transfusión de sangre.  Comenzamos el tratamiento para la malaria con Artesunato intravenoso, un medicamento utilizado para luchar contra la enfermedad.

Por suerte, encontramos un donante de sangre que compatible con Mulume para poder comenzar a transfusión.

Antes, los pacientes de la provincia de Ziralo debían viajar un largo trayecto para llegar a un hospital, pero gracias a la nueva instalación en Kusisa, Mulume puede recibir al tratamiento contra la malaria y a la transfusión de sangre en pocas horas.

Bebé Bahati

Al día siguiente, cuando hago los chequeos con mi colega, un doctor congolés, Mulume ya se está sintiendo mejor. Comió su desayuno y recibió tres dosis de Artesinato intravenoso contra la malaria. El estudio de sangre da mejor, luego de las transfusiones. Entonces, cambiamos su tratamiento a pastillas. Tendrá que tomarlas durante tres días para poder curarse.

En la cama de al lado está el pequeño Bahati. Tiene seis meses pero pesa solo 3.5 kilos, lo que usualmente es el peso de un recién nacido. Es tan flaquito que se pueden ver sus costillas.

La mamá de Bahati caminó seis horas para llegar al hospital de MSF en Kusisa. En su hogar no tienen suficiente comida, por eso a duras penas puede amamantar a su hijo.

Después de examinar, medir y pesar a Bahati podemos diagnosticar que sufre de desnutrición aguda. También muestra signos de neumonía, asi que comenzamos el tratamiento con penicilina intravenosa.

Recuperación

Luego de una semana de tratamiento por neumonía y desnutrición, podemos ver que Bahati tiene más energía. Ahora me mira fijamente y me responde con una sonrisa cuando le sonrío. Ya ganó algunos cientos de gramos.

Después de una semana y media en el hospital gana aún más peso y puede ser desconectado.

Le damos a su madre un alimento terapéutico preparado para tratar la malnutrición, listo para usar, a base de pasta de maní. Le durará unas semanas hasta que regrese por una consulta de chequeo. Bahati la come con gran apetito.

En República Democrática del Congo no se dice “adiós” para saludarse cuando te vas.  Cuando Bahati y su madre se fueron, nos tomamos de las manos y dijimos “tutaonana”, que significa “hasta que nos volvamos a ver” en Swahili.

Mi misión con MSF casi termina y es tiempo de volver a mi casa en Suecia. Luego de seis meses, digo “asante sana” (muchas gracias) y ¡Tutaonana a Congo!