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11.10.2017

Día Internacional de las niñas 2017

Compartimos (solo) algunas de las historias, sueños y desafíos de niñas extraordinarias que hemos conocido a lo largo del mundo.

Una niña abraza a una trabajadora social de Médicos Sin Fronteras. Es una de las tantas personas que migran desde Centroamérica hacia México con intención de llegar a Estados Unidos, refugiados centromericanos. ©Christina Simons/MSF
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Todos los días en nuestros 468 proyectos médico humanitarios en más de 70 países conocemos niñas que nos sorprenden por su extraordinaria fortaleza y resiliencia. Como Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización de emergencia solemos encontrarnos con las niñas en momentos muy críticos de sus vidas, en situaciones de crisis que muchas veces las convierten en uno de los grupos más vulnerables. Sin embargo, nunca dejan de expresar sus sueños, su valentía y esperanza en el futuro. Compartimos (solo) algunas de sus historias.

Chancelle, 12 años, está en quinto grado, vive en el campo de desplazados internos de Bambari, República Centroafricana.

Vivía con sus abuelos cuando los Seleka atacaron el pueblo. “Mataron a familias enteras, junto a veinte vecinos huimos a escondernos en los arbustos. Dormimos en colchones hechos de hojas y comimos lo que pudimos encontrar”. Se reunió con su mamá en el campo de desplazados donde vive ahora.

Cuando sea grande le gustaría ser enfermera. 

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Anna Laison, 16 años, vive en el pueblo de Ntipasonje, Malaui. 

Es paciente de nuestra clínica de tratamiento de HIV para adolescentes, también vive con Tuberculosis.

“Al principio fue difícil aceptar que tenia HIV. Vivía estresada y enojada. Pero acepto mi estado y no me quejo. El único obstáculo que enfrento es la discriminación de las personas, que a veces no te dejan participar de algunas actividades.”

“Mi mayor esperanza es terminar la escuela y conseguir un trabajo”.

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Debora Njala, 18 años, vive en el suburbia de Chiradzulu  También es paciente de Médicos Sin Fronteras porque vive con Tuberculosis y HIV.

Debora Njala, 18 años, vive en el suburbio de Chiradzulu, Malaui. 

También es paciente de Médicos Sin Fronteras porque vive con Tuberculosis y HIV.
“Gracias a la compañía de los consejeros de salud me dí cuenta que ser VIH positivo no es el final de nada. Con medicación, todo estará bien. Solo me preocupa si tengo que hacer viajes largos, no poder tener acceso a mis medicamentos.”

“Sé que algún día alcanzaré mi sueño de convertirme en periodista. Con la medicación adecuada alcazaré mi sueño y el futuro será brillante”.

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Mariam, 5 años, vive en Huban, Yemen. 

Aunque es muy pequeña, Mariam ya sabe lo que es verse forzada a huir. Tuvo que dejar el enclave de Taiz, en Yemen, debido al conflicto armado. Vive en una carpa en el área de Al-Batra, en el distrito de Huban.