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Victor Piriz

Médico- Uruguay
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¿Cuándo comenzaste a trabajar con MSF?

Mi historia con Médicos Sin Fronteras (MSF) comenzó en 2004, cuando me fui a estudiar a Nueva Zelanda. Una colega me contó acerca de la labor de la organización y en 2005 decidí aplicar. Al poco tiempo, hice el curso de preparación de primer destino y ese mismo año, fui convocado para mi primera misión como médico de terreno en la ciudad de Guayaquil, Ecuador.

Allí, MSF gestionaba un proyecto para la atención de las personas viviendo con VIH y como tenía experiencia en tratar embarazos de alto riesgo, trabajé especialmente en la prevención de la transmisión de VIH de madre a hijo.

Además, durante ese año, tuve mi primera experiencia de trabajo brindando atención médica de emergencia en una catástrofe natural, luego de que hiciera erupción el volcán Tungurahua, que se encuentra en la zona andina de este país.

Más tarde, en 2006, fui coordinador de un proyecto de investigación de MSF en VIH en Busia, Kenia, donde también brindamos apoyo al equipo de terreno en el proyecto de Tuberculosis y VIH.

Luego continué saliendo con MSF pero por períodos más cortos. Trabajé en la ciudad de México, en el “Proyecto Transmigrantes”, donde se brinda atención médico humanitaria a la población que desde Centro América y otras partes del mundo cruzan por México para llegar a Estados Unidos y son víctimas de violencia tanto en sus países de origen como en el tránsito. Allí, realizaba la gestión médica de los equipos desplegados por el terreno desde el sur al norte del país.

Durante 2017 me desempeñé en uno de los centros de atención integral para personas víctimas de tortura, tratos crueles e inhumanos y violencia extrema que gestiona MSF a lo largo de las rutas de migración. Finalmente, unos meses más tarde, fui a trabajar con MSF a Bangladesh, donde casi 700.000 rohingyas han huido por violencia desde Myanmar desde el 25 de agosto de 2017.  

¿Cuáles fueron los mayores desafíos que se te presentaron a lo largo de tu historia con MSF?

Hubo muchos desafíos, pero pienso que el mayor reto para mí fue entender que la violencia y la tortura son un problema real y que es necesario concebirlo como un problema real de salud pública y realizar coordinadamente esfuerzos desde la sociedad civil para su reconocimiento internacional.

La violencia, la tortura, están relacionadas con el silencio. Las propias personas que la padecen pueden naturalizarla, por lo que resulta un desafío poder discernir a esa población y brindarles atención médica adecuada, pues muchas veces pasan meses o años.

Creo que esta temática necesita una aproximación multiprofesional y multiorganizacional, pero que también debe existir voluntad por parte de los países para poder resolverla y trabajar en red.

¿Recordás alguna historia o anécdota de pacientes que te haya atrapado?

Nunca me voy a olvidar de un paciente que llegó a uno de los albergues de México donde MSF brindaba atención médica a migrantes. Era un hombre joven, de Guatemala, que se fracturó las vertebras lumbares al ser obligado a bajar desde el techo del tren en el que viajaba. Fue violentado en su país de origen y  también durante su intento por cruzar México para alcanzar los Estados Unidos.

Cuando se vio forzado a bajar del tren, se cayó y quedó inmovilizado. El equipo de MSF que estábamos trabajando en el albergue le brindamos atención médica multidisciplinaria, sumado al apoyo del mismo albergue y de organizaciones de salud locales. Luego de aproximadamente seis meses de rehabilitación, él pudo volver a caminar. Para mí fue una satisfacción verlo recuperarse, más aún, cuando lo vi partir para perseguir su sueño, siempre con una sonrisa y actitud positiva.

¿Qué balance hacés de tu experiencia de trabajo con MSF?

Muy satisfactoria. Cuando veo la desigualdad, la crueldad y la injusticia que existe alrededor del mundo, creo que es importante accionar y hacer algo. Como organización humanitaria, MSF se caracteriza por estar en los lugares donde nadie más llega y trata de tomar las decisiones correctas para brindar asistencia médica a las poblaciones que más lo necesitan. En ese sentido, creo que también sublima una necesidad propia de trabajar para mejorar el acceso a la salud a poblaciones extremadamente vulnerables. 

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