Back to top

Roxana Terán Márquez

Médico/a- Tarija, Bolivia
-A A +A

Esta nota apareció originalmente en el blog “Carta de un Cooperante” en el sitio del periódico La Razón de España, en el siguiente link: http://www.larazon.es/noticia/carta-de-un-cooperante-mis-pequenos-pacien...

Roxana Terán Márquez es pediatra y escribió esta carta a fines de 2009 desde la ciudad de Bulawayo, en Zimbabue, uno de los países con índices de prevalencia de VIH/sida más elevados del mundo. En Bulawayo, MSF trata y asesora a más de 3.100 niños seropositivos, de los cuales aproximadamente 2.000 siguen tratamiento antirretroviral. Además, la organización trabaja en varias maternidades de la ciudad, apoyando el programa de prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo.

Diciembre 2009, Bulawayo (Zimbabwe)

Estaba muy emocionada, iba a cumplir uno de los sueños de mi vida, trabajar en el terreno con Médicos Sin Fronteras. Tres meses antes de mi salida, fui a uno de los mejores hospitales de mi ciudad para poder aprender lo máximo que podía sobre ESA enfermedad*. Soy pediatra y durante mi carrera pasé por muchas experiencias, así que me sentía lista para poder dar lo mejor de mí.

Mi primer día en el hospital fue muy complicado, otra cultura, otro idioma, otra forma de ser. Las miradas iban y venían entre nosotros, con millones de preguntas: ¿quien eres? ¿eres bueno o malo? ¿por qué luces diferente? ¿me entiendes? Pero con el tiempo nos fuimos conociendo más y fuimos aprendiendo a entendernos, no sólo con palabras, sino con gestos y miradas. Aprendí algunos juegos que a ellos les gusta compartir.

Cada día que pasa me voy sumergiendo más en sus vidas, y me doy cuenta que estos pacientes tienen algo especial. La mayoría de ellos son huérfanos y vienen acompañados de esas personas tan dulces y sabias a las que llamamos abuelas. En sus caras se ve dibujado el largo recorrido de sus vidas. En la mayoría de casos, sus hijos murieron de ESA enfermedad, así que ahora aprenden de nuevo a ser madres, cuando les tocaría simplemente ser abuelas...

Al mismo tiempo, parece que el recuerdo de sus hijos es el motor que las impulsa a pelear contra la naturaleza del tiempo para poder cuidar a sus nietos, para no perder la memoria y poder dar ese tratamiento a sus pequeños (que a veces es tan complicado para ellas), para aprender a contar cuantas pastillas se tiene que dar, para tener la fortaleza de caminar kilómetros y kilómetros sólo para que sus niños puedan ser vistos por el médico.

Mis pacientes son niños pero más bien me parece que fueran adultos chiquitos… ¿Es posible que sean tan fuertes que parece que el dolor que pueden provocar algunas enfermedades no es nada? Quizás es porque ellos saben y conocen de otros dolores más profundos, que por cosas del azar les tocó justo a ellos aprender. Cuando llegan a la sala de espera del consultorio se les escucha jugar entre ellos, arrastrando las sillas por todas partes. Y cuando entran a la consulta me gusta ver las risitas burlonas en sus caritas cuando intento hablarles en su idioma local.

Son niños, exactamente como lo fuimos nosotros algún día, sólo que niños con ESA enfermedad, y muchas veces estigmatizados por ello, pero que a pesar de todo aún conservan la alegría y esperanza de jugar, de crecer, de tener una familia, de poder trabajar. Sueñan con poder tener un futuro mejor.

Para serles sincera nunca creí que tendría tan poco para dar aquí comparado con todo lo que estoy recibiendo y aprendiendo de estos niños con HIV. Pese a que hay días que regreso frustrada a casa por no poder resolver todos los problemas que tengo, ellos cada mañana en el consultorio me enseñan que en la vida todo se puede y que lo último que muere es la fe y la esperanza. Gracias por hacerme sentir que todo el esfuerzo que hice por ser médico valía la pena.

* ¿Por qué digo ESA enfermedad? No para estigmatizarla, sino porque cada día tengo que tratar con ella y soy testigo de como ESA “maldita” enfermedad deja a los niños huérfanos, desamparados, como destroza familias, ciudades y países. Así que, para mí no merecería si quiera tener un nombre. Se acaban de hacer públicos los últimos datos de ONUSIDA: 430.000 niños menores de 15 años se infectaron con el VIH durante 2008, la gran mayoría a través de la madre y en África subsahariana. Son cifras inaceptables porque hay medidas que permiten evitar este tipo de trasmisión y porque de todos los niños que nacen con el virus, el 50% muere antes de cumplir los dos años sin tratamiento.

Volver a Desde el terreno