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Raquel Rosenberg

Gineco-obstetra- Corrientes, Argentina
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Noviembre 2010

Me llamo Raquel Rosenberg. Nací en Santo Tome, en la provincia argentina de Corrientes, y soy Ginecóloga y Obstetra. Estudié Medicina e hice mi especialidad en Córdoba, y hace 3 años que trabajo con MSF.

He realizado 4 misiones con la organización: dos en Liberia, una en Nigeria y la última de ellas en Kenia.
Es muy difícil explicar con palabras los sentimientos, las vivencias, las experiencias que uno acumula en terreno, donde a medida que pasa el tiempo el día a día, en vez de convertirse en rutina, se convierte en una montaña rusa de sensaciones. Porque a pesar de que las enfermedades o las cirugías son similares, cada caso es diferente, cada lugar tiene su cultura y cada una de mis pacientes deja de ser un número para transformarse en una cara con su propia historia personal, con su realidad, con sus penas y alegrías, de las cuales uno se nutre, aprende y crece.

Disfruto mucho de mi trabajo, a pesar de todas las dificultades a las que nos enfrentamos. MSF me permite ser médica en toda la dimensión de la palabra, pues en terreno yo sé que me levanto cada día para ir al hospital a ayudar a personas, intentando hacer lo que es mejor para cada caso sin ningún tipo de presión externa.

Trabajo con mujeres y recién nacidos, con seres humanos que por conflictos armados, negligencia o falta de recursos no tienen acceso a cuidados de salud. Mis pacientes mueren de enfermedades o complicaciones que en el mundo desarrollado ni siquiera existen, que desaparecieron hace más de 30 años.

En general llegan al hospital en condiciones extremas, siempre al límite entra la vida y la muerte. Muchas llegan a pie, otras en burros. Son jóvenes, con toda una vida por delante; sin embargo, siguen muriéndose por hemorragias, por parto prolongado, por sepsis, malnutrición, tétano: todas causas absolutamente prevenibles.

Es muy duro ver niñas de 14 o 15 años que, además de haber perdido a su bebé, y si logran sobrevivir al parto, luego terminan con una fistula vésico vaginal (*), condenadas al ostracismo y a la vergüenza.

Es difícil manejar la sensación que tengo en la cabeza, cada vez que hago un parto o una cesárea, de que ese recién nacido podría entrar en las tristes estadísticas de ser uno de los tantos que no llegan a los 5 años por malnutrición, sólo porque le tocó nacer en África.

Hay muchas cosas difíciles en el terreno, muchos días que te quiebran, pero justamente es por eso que elijo trabajar con MSF. Porque si no estuviésemos ahí seria aun peor. Hay demasiada indiferencia, y yo prefiero no mirar a un costado. Soy conciente de que no voy a cambiar el mundo, pero las vidas que se salvan, las mujeres que se curan, los niños que nacen y crecen, las sonrisas diarias que me regalan hacen que valga la pena intentarlo.

Sé que en mi trabajo doy mucho, ayudo o simplemente acompaño cuando como médica no me queda otro recurso, pero, por sobre todo, aprendo a diario, y cada vez que termino una misión e intento hacer un balance de lo vivido, lo que prevalece es agradecimiento, porque no se puede explicar con otra palabra todo lo que traigo conmigo de cada lugar en el que he estado.

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(*) Las fístulas obstétricas son una posible consecuencia de complicaciones no tratadas durante el parto. Estas ocurren cuando se abre un orificio anormal entre la vagina y el recto, o la vagina y la vejiga y el recto. Las fístulas se desarrollan durante los días que dura un parto obstruido, y una vez que ha ocurrido, la resultante incontinencia fecal y urinaria, se convierte en algo permanente a menos que la fístula sea operada. A la mayoría de las mujeres que las desarrollan se les margina de la sociedad, pues son aisladas y estigmatizadas por todos y por eso una atención obstétrica urgente es de suma importancia para las pacientes.

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