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Máximo Migliori

Médico/a- Chubut, Argentina
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Maximo Migliori esta cumpliendo su cuarto año trabajando con MSF. A continuación, recuerda las impresiones que le dejó su primera misión con MSF, en Yemen.

"Yo soy de Córdoba, pero viví toda mi vida en Esquel, Chubut. Empecé a trabajar para Médicos Sin Fronteras en 2008. Mi primera experiencia con MSF fue en el sur de Yemen, en un campo de refugiados transitorio donde proveíamos asistencia médica, psicosocial y humanitaria. Los beneficiarios el proyecto eran inmigrantes del cuerno de África (somalíes y etíopes, principalmente) que huían de un contexto de violencia y hambruna, para refugiarse en Yemen, el país mas pobre de la península arábica.

A mi llegada a Yemen; todo estaba por descubrir. Tengo que admitir que la motivación que tenía para ir y trabajar ahí era muy grande (era mi primera misión con MSF), lo que ayudó muchísimo a la adaptación. El contexto era absolutamente nuevo para mi; otro idioma, una cultura diferente a la mia, un clima de 45 grados de calor todo el día, incluso a la noche. Y había mucho por hacer. Recién cuando me tomé vacaciones y logré desconectarme me di cuenta realmente de lo diferente que era: la comida, las relaciones humanas, la vivienda, el trato con el resto del equipo. Pero a su vez era un ambiente muy amigable y la gente local realmente nos ayudó muchísimo en la adaptación.

El apoyo entre el equipo y la gente del lugar fue fundamental y a pesar de estar muy lejos, nos sentíamos como en casa. Es raro decirlo, pero los mejores momentos que uno vive en este tipo de trabajo es el momento de la llegada, donde todo es nuevo y supone un desafío; y el otro es el momento de la partida, donde uno ve todo el trabajo que realizó y que continúa sin la necesidad de seguir estando.

Anécdotas, todos los días. Pero lo que uno mas aprende, también, es que la felicidad pasa por otro nivel más allá del dinero. Es increíble como conviviendo con gente que apenas tiene para comer, y trabajar con poblaciones que han perdido todo, uno re-aprende a re-valorar lo que uno tiene. En estas situaciones extremas, solo con un apretón de mano de un adolescente luego de comer un plato de comida después de 3 días de ayuno o una sonrisa luego de asistir a una mujer de 80 años que arriesgó su vida en una balsa durante 3 días para poder reunirse con el resto de su familia fue suficiente motivación pare seguir trabajando.

Recibíamos entre 50 a 100 refugiados al día. Éstos viajaban entre 2 a 3 días en barcos atestados, sin agua ni comida y bajo la continua violencia de los traficantes. Mi trabajo consistía en supervisar las actividades médicas de una pequeña clínica montada dentro del campo. Atendíamos entre 50 y 100 consultas diarias; si bien la mayoría eran consultas banales, para ellos era la primera oportunidad de ver un médico o enfermero. El equipo médico estaba formado por 3 médicos y 8 enfermeros; en su mayoría oriundos de Somalia o Etiopía y con la misma experiencia de vida que nuestros pacientes. Compartir las actividades profesionales y no profesionales con este grupo realmente motivado por ayudar a su gente, me sirvió mucho; especialmente para convertir la frustración (que surgía algunos días al ver situaciones en las que poco se podía hacer) en desafíos y de esa forma poder seguir trabajando para lograr los objetivos.

Yo creo que toda experiencia deja un aprendizaje (no se si llamarlos cambios). La gente que me conoce dice que sigo siendo el mismo. Pero estas situaciones te ayudan a ver el mundo desde otra perspectiva, a vivir contextos que nunca supimos que estaban ahí, a ver como hay poblaciones en este siglo que no tienen nada, pero sobre todo uno aprende que pequeñas cosas que pueden ser insignificantes para nosotros, pueden significar tanto para otros."

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