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María Rodríguez Rado

Médico/a- Treinta y tres, Uruguay
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María Rodríguez Rado es una médica e infectóloga uruguaya, egresada de la Universidad de la República. Comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras (MSF) en el año 2004 en un proyecto de VIH en Kenia, donde la prevalencia del virus en ese momento era muy alta: alcanzaba un 40 por ciento de la población local de Busia, ciudad donde estaba el proyecto. Desde ese entonces ha ocupado diversos roles en la organización en países como Afganistán, Sudán del Sur y Sudán, Níger, Zimbabwe, Yemen, Guinea Bissau, Territorios Palestinos Ocupados, Tanzania y Etiopía. 
 
Con más de 10 años de experiencia de trabajo en la organización, recuerda que uno de los contextos más desafiantes en los que intervino fue en Sudán del Sur, años antes de que el país más joven del mundo alcanzara su independencia el 9 de julio de 2011. “Trabajé 9 meses en un hospital de 250 camas gestionado por MSF, el único en el distrito y donde recibíamos pacientes de  diferentes áreas de Sudan  y de países limítrofes; de Uganda y  también del Congo. Se daba  asistencia en medicina general, pediatría, cirugía,  maternidad,  nutrición; además de esto, se trataba pacientes con  tripanosomiasis africana, también conocida como la enfermedad del sueño”, cuenta María. “Era muy frecuente que por varios  días  quedara como la única médica en el hospital ya que contábamos con muy poco staff nacional; las dificultades de formación del personal además de inconvenientes de seguridad hacían que el equipo se redujera. Esto resultaba principalmente muy complejo cuando recibíamos pacientes quirúrgicos a los cuales yo no podía ayudar: para ellos en muchas ocasiones no era posible llegar a otros hospitales por sus propios medios, porque quedaban a  kilómetros de distancia; entonces, y también debido a la ausencia de rutas, a veces debíamos referirlos en avión a otros centros de salud”.
 
Desde 2014, María es la Directora de la Unidad Médica de Brasil (BRAMU), un departamento de MSF dedicado a mejorar la calidad del apoyo médico en las áreas de enfermedades tropicales desatendidas, otras situaciones de violencia y otras situaciones de salud emergentes.
 
¿Cuál es el rol de la Unidad Médica de Brasil?
 
Nuestro trabajo en la Unidad Médica, basada en la Oficina de MSF en Brasil, consiste en dar apoyo técnico a todos los centros operacionales dela organización. Dado el lugar estratégico en el que se encuentra la Unidad, teniendo en cuenta que Brasil es un país reconocido en la investigación y en el tratamiento de enfermedades infecciosas, resulta muy oportuno contar con un departamento médico para realizar el seguimiento de enfermedades tropicales olvidadas, como ser dengue, chikungunya y Chagas; y dar apoyo a los proyectos relativos a estas enfermedades en los que MSF trabaja en el mundo. En este sentido, contamos dentro de la Unidad con una referente para estas tres enfermedades, quien es la responsable de la gestión técnica de estas patologías, realizando visitas a terreno, desarrollo de protocolos, actualizando guías de tratamientos y aportando lineamientos operacionales, especialmente en contextos latinoamericanos, pero también en otros continentes como África y Asia, donde algunas de estas enfermedades también están presentes. Por otra parte, realizamos la formación del personal de MSF y colaboramos con las capacitaciones técnicas del personal del Ministerio de Salud de los países donde trabajamos en estas patologías. 
 
¿Qué sucede actualmente con el seguimiento y la atención de las enfermedades olvidadas principalmente en América Latina? 
 
Las enfermedades olvidadas continúan siendo enfermedades desatendidas en el mundo. Se trata de un grupo de 17 enfermedades que según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) afectan a 1000 millones de personas, de las cuales muy pocas son las que realmente pueden acceder a un diagnóstico y a un tratamiento adecuado. Se trata de poblaciones totalmente olvidadas, por lo general con un alto nivel de pobreza y un acceso restringido a los sistemas de salud.
 
A nivel de América Latina, lo que sucede por ejemplo con Chagas, una de las enfermedades que desde la Unidad Médica seguimos muy de cerca, es que las cifras continúan siendo impactantes. Se habla de entre 6 y 8 millones de infectados en todo el mundo y donde la gran mayoría reside en la región, siendo los países más afectados Bolivia, Argentina y Brasil. 
 
Un gran trabajo que MSF tiene en relación a las enfermedades olvidadas es procurar que no sean más olvidadas. Que los gobiernos, la industria farmacéutica, la sociedad civil, los grupos de investigadores, que todo el mundo esté alerta y sepa que esto está ocurriendo, y que estas poblaciones que por lo general son las más vulnerables, puedan recibir atención. En este momento MSF tiene dos proyectos de Chagas en América Latina, uno en México y otro en Bolivia. Especialmente en Bolivia las cifras son alarmantes. Recientemente se abrió un proyecto en Monteagudo donde se habla de que el 70% de la población está infectada. Y la gran mayoría de ellos no lo sabe porque no ha tenido acceso al diagnóstico, y por lo tanto no reciben tratamiento. Es necesario que haya políticas de salud pública y que se creen programas de desarrollo de seguimiento de Chagas en cada gobierno, para conocer en qué situación epidemiológica está cada zona y cuál es la situación de transmisión.
 
El departamento médico también se dedica a mejorar la calidad del apoyo médico en las llamadas “otras situaciones de violencia”. ¿Cuáles son esas situaciones? 
 
El Comité Internacional de la Cruz Roja se refiere a otras situaciones de violencia como aquellas que se ven afectadas por algún grupo que persigue la violencia. Es decir, que no son producto de un conflicto bélico o militar, sino de otros contextos en los que hay grupos vulnerables que quedan en el medio de determinados grupos de violencia. Se trata por ejemplo de situaciones de conflicto entre diferentes grupos de guerrillas, grupos étnicos y/o violencia que es generada a partir del narcotráfico o armas. En este sentido, en MSF realizamos el seguimiento de situaciones de violencia urbana o suburbana, a través de proyectos de ayuda psicosociales, de atención médica y de salud mental (como la atención a víctimas de violencia sexual), donde lo que queremos es dar un visión holística de lo que es el sufrimiento humano de estas poblaciones, tanto desde el punto de vista psicosocial como médico. 
 
¿Las nuevas formas de violencia representan un nuevo desafío de trabajo para la BRAMU?
 
Se trata de un desafío constante pero no es nuevo. La temática es compleja dado el contexto hiperviolento donde están los proyectos y por lo tanto el abordaje médico es complicado.  Hay mucho miedo, resistencia, desconfianza y traumas crónicos que obstaculizan el abordaje terapéutico.  
 
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