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María José Cáceres

Enfermero/a- Buenos Aires, Argentina
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María José Cáceres, enfermera, lleva cuatro años trabajando con Médicos Sin Fronteras (MSF). En ese tiempo, participó en proyectos de asistencia humanitaria en América Latina, África y Medio Oriente, con pacientes de enfermedades olvidadas, personas excluidas del sistema de salud a causa del conflicto armado, en emergencias nutricionales y en atención materno-infantil. De todas sus misiones, lo que más recuerda son las historias de las mujeres que atendió.

Hoy, María José se encuentra nuevamente trabajando con MSF en el proyecto de Ndéle en República Centroafricana, pero antes de partir compartió su historia y experiencia con nosotros.

¿Cómo llegaste a Médicos Sin Fronteras? ¿Qué te motivó a postularte?

Empecé a trabajar con MSF en 2009, luego de pasar por el proceso de selección. Yo conocía la organización hacía muchos años. Desde que soy muy chica, me interesaba seguir el trabajo de las organizaciones humanitarias en los grandes conflictos o crisis que había en el mundo. Uno de los hechos que más me impactó fue el genocidio de Rwanda y el trabajo que MSF realizaba asistiendo a la población en medio de ese conflicto. Siempre me motivó el estar en los lugares donde la ayuda es esencial, y donde se requiere de asistencia internacional para poder paliar las grandes crisis, que es lo que hace MSF.

¿Qué misiones realizaste con la organización?

Con MSF llevo cinco misiones. Estuve en India, en un proyecto de atención a pacientes de kala azar (una enfermedad olvidada); en Níger, en un proyecto de desnutrición; en Haiti, en la epidemia de cólera que golpeó al país luego del terremoto de 2010; en Colombia, en un programa de atención primaria de salud a poblaciones aisladas por el conflicto armado; y en Irak.

Fueron proyectos muy diferentes entre sí. Mi trabajo siempre fue como enfermera de terreno. En el proyecto de kala azar, por ejemplo, trabajamos con los enfermeros locales dando capacitaciones y organizando y gestionando los RRHH y la farmacia. Los otros proyectos fueron en contextos de emergencia, que son mucho más duros. Al no tratarse de un proyecto regular, generalmente se requiere de mucho trabajo. Se comienza muy temprano en los hospitales y a veces se trabaja hasta las 11 de la noche. Cuando la cantidad de pacientes supera la cantidad de camas, se trabaja junto a los logistas para habilitar carpas y recibir a la nueva gente que va llegando.

Contanos sobre tu trabajo en tu última misión.

En mi última misión en Irak estuve desempeñándome como gestora de RRHH y como coordinadora del equipo médico.

Irak presenta altas tasas de mortalidad materno-infantil, una de las más altas de Medio Oriente, comparable a la de un país pobre. Luego de la posguerra muchos médicos se fueron al exterior, lo que hizo que la formación de los recursos humanos, en muchos casos, sea deficiente. Por eso estamos brindando apoyo no tanto en la ayuda médica directa, sino entrenando al personal local para que puedan brindar atención.

MSF trabaja en un hospital materno-infantil, sobre todo brindando capacitación a médicos y a enfermeros. Y también brindábamos equipos para neonatología y maternidad cuando era necesario. Fue un proyecto centrado en dar apoyo al personal local para mejorar la asistencia de salud.

¿Cómo es ser enfermera en MSF?

La vocación de trabajar enfermería pasa por el poder estar en contacto diario con el paciente, por ver su proceso y evolución en la enfermedad y en el tratamiento. En los lugares donde como enfermera vas con MSF, se dan situaciones mucho más extremas, donde el sufrimiento lo ves día a día. Se trabaja mucho con las madres, sobre todo cuando estás tratando a niños malnutridos severos, con pocas posibilidades de vivir. Estamos presentes sobre todo en estas situaciones extremas, brindando un apoyo humano. Como enfermera, trabajar en MSF te permite realizar tu vocación, ayudando a las personas que más lo necesitan en ese momento crucial.

¿A qué pacientes recordás?

Recuerdo a muchas mujeres, sobre todo una mujer en Níger que era ciega. Su bebé tenía malnutrición severa cuando llegó al hospital, y estaba en muy malas condiciones. La mujer no tenía manera de poder alimentarlo si no era por la ayuda de todos nosotros, de todo el equipo de MSF. Fue un esfuerzo muy grande de nuestra parte. Y realmente fue una dedicación muy grande que le brindamos a ese chiquito para que sobreviviera, para que la madre lo pudiera ayudar. Ver el nexo de la madre ciega con el niño desnutrido, intentando que se salve, fue algo que me llegó mucho, también a todos mis compañeros. Fue emocionante ver sobre todo como, a pesar de todo, el niño se recuperaba. Recuerdo mucho la sonrisa de la mujer, lo contenta que estaba día a día, a medida que se iba recuperando su hijo.

También recuerdo a las mujeres indígenas en Colombia, que te contaban lo que estaba sufriendo en sus casas, con el maltrato de sus maridos. Tienen historias muy duras, y en ese momento sólo están buscando alguien que las escuche. En este trabajo se dan algunas situaciones en que te supera la realidad y a veces no es mucho lo que podés hacer, más que estar ahí, que para el otro ya es mucho.

En base a tu experiencia, ¿Cómo describirías la acción humanitaria?

La acción humanitaria es el acto más humano que la persona puede tener, de persona a persona. Es el poder estar en el momento más duro que atraviesa un ser humano, que es entre la vida y la muerte. Es estar ahí, estar presente es un acto humanitario. Más allá de lo que pueda suceder o no, se trata de estar ahí y darle la mano.

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