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Ionara Rabelo

Psicólogo/a- Brasil
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Los profesionales de salud que trabajan en las zonas más devastadas tras el terremoto en Ecuador se encuentran particularmente afectados: ellos no sólo tienen que manejar la carga emocional de sus pacientes, sino también la propia y la de sus familias. Como tantas otras personas que han sido víctimas de esta catástrofe, muchos de ellos también perdieron sus casas, sus proyectos, e incluso, a sus seres queridos. La doble carga de llevar atención a las personas, y al mismo tiempo, hacer frente a su estrés personal, puede significar que los trabajadores de la salud necesiten apoyo adicional.

Ionara Rabelo, psicóloga de Brasil que trabaja con Médicos Sin Fronteras (MSF), ha estado en la provincia de Manabí, al norte del país, proporcionando capacitaciones a trabajadores de la salud, psicólogos, profesores, trabajadores sociales, líderes comunitarios, así como también, apoyo a víctimas del terremoto. El equipo de MSF con el que trabajaba brindó atención psicológica y capacitaciones a más de 1.280 personas.

¿Cuál es la situación actual al norte de la provincia de Manabí?

Las ciudades que resultaron más afectadas tras el terremoto han recibido apoyo del gobierno y de organizaciones no gubernamentales, principalmente a través de los albergues oficiales. Sin embargo, todavía hay muchas necesidades básicas que no están cubiertas en un número menor de refugios no oficiales. En ciudades como Jama, San Vicente y Bahía, al norte del país, el terremoto ha dejado a la red de salud mental en un estado frágil; había pocos servicios de atención psicológica y la necesidad ahora se ha incrementado. Dentro de tres meses, puede incluso llegar a surgir una necesidad mayor de estos servicios si las personas tienen dificultades para hacer frente a la situación y comienzan a desarrollar problemas crónicos de salud mental.

 ¿Cuáles son las actividades de MSF en la provincia de Manabí?

MSF ha proporcionado capacitaciones a los profesionales de la salud que se encuentran trabajando en esta región, para ayudarlos a hacer frente a las consecuencias personales que han sufrido a raíz del terremoto, y para que ellos ayuden a sus pacientes y colegas a hacer lo mismo. Esto ha incluido la capacitación en técnicas de consejería y el desarrollo de programas psicosociales dentro de los servicios de salud. MSF también ha capacitado a líderes comunitarios, profesionales de la salud y a personas que trabajan en refugios temporales en cómo detectar los signos de un problema más serio de salud mental. Nuestros equipos han formado a más de 60 profesores que ahora pueden llevar adelante sus propias capacitaciones para ayudar a los miembros de su comunidad a detectar estas señales. La formación incluyó la explicación sobre la importancia de las estrategias de afrontamiento en estas situaciones, las reacciones de salud mental que se esperan después de un desastre natural y la importancia de realizar un diagnóstico temprano.

El personal de MSF también ha capacitado a maestros de las escuelas primarias en actividades de grupo para que puedan ayudar a los niños y a las familias a hacer frente a las consecuencias del terremoto.

¿Cuáles son las principales necesidades de la población en esta región?

Para poder brindar un apoyo eficaz en salud mental a las personas afectadas es importante que tengan sus necesidades básicas cubiertas, como refugio, alimentación y protección. Esto les da la plataforma que necesitan para empezar a reconstruir sus vidas. Por el momento, las personas que viven fuera de los refugios oficiales –que se encuentran durmiendo en parques, escuelas o espacios abiertos cerca de sus casas destruidas – son los que más necesitan este apoyo.

Tres semanas después del terremoto empezamos a oír hablar de hombres que beben alcohol como un modo de enfrentar la situación. Un incremento de la dependencia de alcohol o drogas podría convertirse en un desafío para el país en los próximos meses. También conocimos a personas que habían perdido sus casas y estaban lidiando con la pérdida de su independencia.

Una de las psicólogas con las que estaba trabajando me contó que perdió su casa en la que vivió por más de 40 años. Ella quería que esa casa fuese para sus hijos pero quedó completamente dañada y ya no es posible vivir allí. Dos pisos del hospital donde trabaja también se dañaron y lo que quedaba en pie de su oficina, fue trasladado a otro lugar. Ella tenía síntomas de stress y estaba sufriendo mucho. Sus colegas querían conversar con ella para contarle cómo estaban pero ella sentía que no tenía suficiente tiempo para hablar con ellos y a su vez con sus pacientes. Estaba doblemente afectada -no tenía su casa, había perdido parte de su identidad personal y familiar, y en su trabajo, lo poco que restaba de su espacio laboral había sido trasladado-, habían tenido lugar muchos cambios. Trabajamos con ella para ayudarla a ver que podía recuperar el control dentro de la emergencia, por ejemplo, tomándose un día para estar con su familia, o en el caso de su trabajo, construyendo estrategias grupales, psicoeducativas y formaciones para los profesionales del hospital que necesitaban apoyo. A veces las personas creen erróneamente que los profesionales de la psicología siempre son fuertes, pero ellos también pueden necesitar apoyo y el cuidado de sus familias, amigos y colegas.

¿Cómo es el trabajo en salud mental en situaciones de emergencias?

Toda emergencia requiere diferentes estrategias y herramientas para proporcionar apoyo en salud mental, y el tiempo resulta a menudo esencial. En esta ocasión, MSF se ha enfocado en desarrollar capacidad entre los profesionales para ayudarlos a que puedan ofrecer primeros auxilios psicológicos. Nuestros equipos también han brindado sesiones de orientación. A diferencia de proyectos a largo plazo donde los pacientes suelen contar con un tiempo de elaboración para entender la situación que están atravesando, en proyectos de emergencia, los sentimientos y las emociones pueden intensificarse. Cuando empezamos a trabajar en primeros auxilios psicológicos, tratamos de que los pacientes sean capaces de identificar sus sentimientos, reconocer sus emociones y reorganizarse internamente, para tratar de asegurar que no lleguen a desarrollar un trastorno crónico.

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