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Florencia Romero

Médico/a- Chaco, Argentina
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Durante un año, en 2006 y 2007, Florencia trabajó como pediatra en un proyecto de Médicos Sin Fronteras de Salud Materno Infantil que se desarrollaba en un Hospital en Liberia. Allí asistió principalmente a niños que padecían enfermedades tales como malaria, cólera o sufrían desnutrición y a mujeres embarazadas.

Liberia es un país que está ubicado al oeste del continente africano. La población liberiana afronta un duro periodo de post guerra, después de salir del conflicto civil que duró más de 14 años.

Noviembre 2007
“Mi lugar de trabajo sería un hospital materno infantil en las afueras de Monrovia, la ciudad capital de este país muy especial, que hacía tan sólo cuatro años dejaba atrás una terrible guerra civil.

Dicho hospital se encuentra en las afueras de la ciudad, en una zona donde hay un gran asentamiento de gente desplazada, que, por causa de la guerra, ha tenido que irse de sus lugares originales.

En esta zona, como en toda la ciudad, no hay servicios de agua ni de energía. Las calles y rutas están destruidas. La gente habita en viviendas fabricadas con paredes de hoja de palmera seca trenzada. Por encontrarse en el trópico, las lluvias son una constante durante los largos meses que van desde mayo a fines de octubre, lo que dura la rainy season, la estación de lluvias.

Es en esa época cuando la malaria se lleva más víctimas, entre las cuales se encuentran miles de niños, quienes se ven más afectados, así como las mujeres embarazadas. Es también poco antes y durante esas lluvias que el cólera puede aparecer, encontrando las mejores condiciones para diseminarse fácilmente entre esta tan vulnerable población.

Para atender precisamente las necesidades de los niños y de las mujeres de esa zona es que Médicos Sin Fronteras lleva adelante tareas en este hospital a donde yo llegué en aquel momento. Fue allí donde muchas cosas aprendí, viví y compartí. Más allá de haberme encontrado con las enfermedades tropicales por primera vez, también otras cosas me impactaron fuertemente.

Los conceptos de salud y enfermedad, que tantas veces tenemos que estudiar durante la carrera de medicina, los tuve que aprender nuevamente. Tuve que aprender otra vez a interrogar a las personas y a entender otros tiempos diferentes a los que conocía. A respetar profundamente las creencias en otras formas de medicina para que los pacientes aceptaran la medicina que nosotros les ofrecíamos. Aprendí a formar parte de un equipo de gente proveniente de culturas y formas de expresión totalmente diferentes. A comunicarme y tratar de entender en inglés, un idioma que pensé conocía bastante y que terminé reaprendiéndolo también, en su variante local.

Fue allí con los liberianos en el Benson Hospital en Monrovia, donde reafirmé mi elección de ser médica. Y hoy, ya de regreso en Buenos Aires, poco más de un año después de haberme ido, vuelvo a elegir ser médica y a colaborar en ayuda humanitaria como mi forma de vida.”

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