Back to top

David Barros

Cirujano/a- México
-A A +A

David Barros es un joven médico cirujano nacido en México y egresado de la Universidad UNAM. Durante su primera misión con MSF, en Aweil, Sudán del Sur, ejerció como médico de terreno y supervisor del Centro de Alimentación Terapéutica y del Departamento de Cirugía Pediátrica. A continuación comparte su experiencia.

"MSF lleva más de 30 años dando atención médica en Sudán del Sur, y hace cuatro años que MSF empezó a construir el Hospital Civil de Aweil. Este proyecto surgió de la detección de un índice de mortalidad materna sumamente alto y otro de mortalidad infantil similar, y fue así como se empezó a dar cuidado a las madres, con servicio de atención prenatal, cuidado durante el trabajo de parto/ servicio obstétrico y una sala pediátrica. Un poco después se inicio un programa de alimentación terapéutica.

Los cinco centros operacionales de MSF están presentes en Sudán del Sur con 13 proyectos dedicados a actividades que incluyen: programas de implementación de tratamiento para Tuberculosis, tripanosomiasis africana, VIH/SIDA; otros tantos dedicados a proveer atención médica en maternidad y pediatría, así como a combatir la malnutrición.

Los profesionales extranjeros vivíamos en el complejo de “tukules” que proporciona MSF para sus trabajadores internacionales. El número de trabajadores varía en gran medida según las estaciones del año, que traen como consecuencia, cambios importantes dentro del tipo de práctica clínica que se realizan; por ejemplo en la época de lluvias hay un gran inf!ujo de pacientes sufriendo de malaria. Así mismo durante los últimos meses de sequía, se agudizan algunos problemas como la malnutrición. Los números de admisiones hospitalarias pueden cambiar súbitamente -en cuestión de una o dos semanas- hasta cuadruplicarse el número de pacientes que deben de estar internados en cada área. El equipo inicial estaba conformado por un doctor general, un pediatra, una ginecóloga, dos parteras y un coordinador de hospital, pero a los seis meses ya éramos tres médicos encargados de dividirnos la carga pediátrica. El hospital de Aweil le da servicio a todo el municipio de Bahr el Gazal del Norte que incluye cerca de 1,250,000 de personas, número que se incrementa día a día con nuevos trenes cargados de miles de refugiados provenientes de la capital de Sudán, Khartum.

Refugiados, niños y malnutrición

En el área de nutrición de la cual yo estaba encargado, la mayoría de los pacientes que recibíamos provenían de diversos campos de refugiados localizados en la periferia del pueblo de Aweil. La mayoría llegaba de Sudán sin ningún tipo de maleta o bienes, sin comida, muchos sin familia ni lugar en donde asentarse. Muchos niños mal nutridos llegaban en estos trenes. Si lograban asentarse, lo podían hacer en algunos campos ofciales proporcionados por el gobierno con puntos de agua y otros servicios básicos. Sin embargo, como en el caso del campo de refugiados de Apada -del que recibíamos un gran número de pacientes-, las personas se encontraban con problemas con el gobierno de Sudán del Sur, ya que estos querían trasladarlos a otro lugar, y como supuesto “incentivo” (pero más bien para forzar a la población a moverse) impidieron, por un tiempo, que las instituciones internacionales dieran atención médica en ese territorio.

Como médico de campo tratando de administrar un centro de alimentación terapéutica, en donde se recibe una cantidad increíble de niños con las condiciones de salud más complicadas y extremas que jamás haya visto, esa lucha diaria, hace que te plantees y replantees muchas cosas. Entre mis compañeros establecíamos largas e interesantes discusiones sobre lo que veíamos y sobre cómo mejorar nuestra intervención; y siempre coincidíamos en un punto: la alegría que nos proporcionaba la gente del lugar.

Postales sudsudanesas

Las alegrías simples y cotidianas nos las daban los lugareños. Tengo algunas de estas postales en mi memoria como ver a aquellas tres hermanas de apenas 6, 8 y 10 años que vivían junto a nosotros y nos saludaban todas las tardes que regresábamos del hospital.

Tengo también la imagen plasmada de un niño de no mas de 7/8 años, corriendo lo más rápido posible para que el barrilete que acarreaba, (hecho de un pedazo de una bolsa de plástico, dos trozos de madera y un estambre) pudiera dar vuelo. Este recuerdo me brinda mucha alegría, y me permite reconocer y valorar cada experiencia que adquirí en Sudán del Sur. Otra imagen es la de la juventud sudsudanesa, sedienta por un nuevo estímulo. Nos encontramos a un grupo de muchachos de diferentes edades, desde un niño que no podría tener más de 3 años hasta su hermano mayor de unos 10, vestidos con un único pedazo de tela desbaratada y sucia, con más hoyos que muestran la piel seca y desnutrida, que tela que los cubra. Es una imagen que instantáneamente me transporta a esa calle roja magenta, polvosa árida y agotadoramente caliente, en donde el mayor atributo visible o el atributo más notable es la carencia, donde el ingenio de un pequeño vale más que todo el departamento de juguetería de una tienda departamental, donde te das cuenta que somos esclavos de nuestro afán por tener y tener cada vez más. La alegría y la miseria conviven contradictoriamente en estas calles del pueblo de Aweil."

Volver a Desde el terreno