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Carolina Nanclares

Médico/a- Buenos Aires, Argentina
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Carolina Nanclares comenzó a trabajar con Médicos Sin Fronteras (MSF) en 2006. Médica de profesión, su primera misión fue en República Centroafricana (RCA). Luego siguieron Chad, Sudán del Sur, Etiopía, Yemen, Níger, Uganda, República Democrática del Congo (RDC), Zambia y nuevamente Etiopía. También estuvo dos veces en Haití: luego del terremoto que ocasionó más de 200.000 muertes y para la epidemia de cólera que afectó al país meses después, en medio de la destrucción ocasionada por la catástrofe.

Con amplia experiencia en trabajo humanitario, Carolina hoy forma parte del equipo de la Unidad de Emergencias de MSF. En esta entrevista, nos explica cómo funciona este grupo de trabajo y cómo deciden realizar una intervención, nos habla su experiencia en los brotes de fiebres hemorrágicas que se dieron el año pasado y de porqué, después de tantos años, sigue trabajando con la organización.

¿Qué hace la Unidad de Emergencias de MSF?

La Unidad de Emergencias está conformada por un equipo de personas únicamente destinado a responder a las emergencias; es decir a las crisis humanitarias más agudas que requieren intervenciones que son más intensas y que se realizan en un tiempo más rápido para disminuir una mortalidad que aumenta por una circunstancia determinada. Entonces tenemos este grupo de profesionales, con mucha experiencia, que están disponibles para asistir en estos casos puntuales.

La unidad de emergencias está formada por cuatro sub-unidades localizadas en Nairobi (Kenia), Barcelona, Panamá y desde hace poco también en Dakar (Senegal). Con este sistema se intenta monitorear y cubrir las emergencias que ocurren en distintos lugares del mundo.

¿Cuándo actúa la Unidad de Emergencias? ¿Cómo se decide cuándo intervenir?

El alerta puede venir de distintos lugares. Puede ser que la emergencia se esté dando donde MSF ya tiene una misión regular, entonces la alerta puede venir desde el equipo, que avisa de lo que está pasando en tal lugar del país. Por lo general las misiones están preparadas para dar respuesta a estas situaciones, pero en algunos casos, dependiendo de la envergadura del caso, la unidad brinda apoyo o directamente interviene.

Para los países donde no hay un proyecto de MSF, hay gente dentro de la Unidad de Emergencias que es responsable de monitorear la situación: tienen conexiones con distintas personas, siguen medios, informes, sitios web, etc. para ir detectando emergencias.

Una vez que llega el alerta, por estos diferentes canales, entonces se manda un equipo para evaluar la situación en el lugar. No toda alerta implica que se vaya a hacer una intervención. En cada caso se analizan las necesidades, qué actores están presentes, las cosas que faltan, y en base a eso se toma la decisión de si se interviene o no.

¿Qué rol tenés dentro de la Unidad de Emergencias?

Me desempeño como técnico-médico. Dentro de la Unidad de Emergencias tenemos la misma estructura que tienen los equipos en los proyectos regulares: hay un coordinador general, un coordinador médico, un coordinador logista, uno financiero, y después hay técnicos médicos, técnicos logistas, etc.

A veces también tengo que asumir responsabilidades de coordinación y en ocasiones, participo cuando se hace una misión exploratoria para conocer y analizar la situación de un lugar y determinar si hace falta hacer una intervención. Puede ser que me toque hacer la exploratoria y al mismo tiempo comenzar la intervención. No es simplemente “ser” médico, sino también desarrollar la apertura de la misión. Este es mi segundo año dentro de la Unidad de Emergencia.

¿Cuál fue tu última misión con la unidad?

La última intervención de la que participé dentro de la unidad fue en un brote de Ébola. El 2012 fue un año particularmente fuerte para lo que son las fiebres hemorrágicas porque hubo una serie de epidemias que no se venían dando hace tiempo, y el año pasado se dieron cuatro epidemias seguidas, en Uganda y en RDC.

Empezó primero en Uganda, una epidemia de Ébola a la cual asistí. Esa fue mi primera vez dentro de una respuesta a fiebres hemorrágicas, fue un aprendizaje y pude estar con gente que realmente tiene mucha experiencia para aprender de ellos. El Ébola es una patología que tiene un riesgo muy importante de contagio como de mortalidad, con lo cual todas las actividades médicas tienen que ser muy especificas y no se pueden cometer errores. Luego de Uganda participé de la intervención de MSF para limitar el brote de Ébola en RDC.

Contanos más de qué es el Ébola y sus consecuencias.

El Ébola es un tipo de virus que provoca lo que se conoce como fiebre hemorrágica. Se transmite a partir del contacto por medio de secreciones o fluidos corporales, de persona a persona. El origen del primer caso, generalmente, no se conoce bien. Pero, a partir de ese primer caso, el contagio se da de persona a persona. Las secreciones y fluidos contienen una alta cantidad de virus, entonces suele pasar que la persona que cuida al enfermo, se contagia y así se va propagando el virus.

A nivel clínico, el virus produce un cuadro muy inespecífico con síntomas de fiebre, dolores articulares, dolores musculares, diarrea, nausea, vómitos, mucha fatiga. Estos son los mismos síntomas que tiene el 90% de las enfermedades que hay en los países tropicales donde se suelen dar, con lo cual es muy difícil llegar al diagnóstico al principio. Un determinado porcentaje de los pacientes puede tener hemorragias, aunque esto no se da en todos los casos; y los pacientes que las presentan tienen una mayor mortalidad. Hay algunas cepas de este virus que tienen una mortalidad muy alta, pudiendo llegar incluso al 90%.

¿Cómo se realizan las intervenciones para estos casos?

En lo general las epidemias causadas por estos virus se dan en países de bajos recursos, y dado que las intervenciones requieren expertise y muchos recursos humanos y materiales, los sistemas de salud locales generalmente ven su capacidad de respuesta sobrepasada. Por eso MSF brinda apoyo a los ministerios de salud, para brindar una respuesta multidisciplinaria.

Hasta el momento no existe un tratamiento curativo para tratar directamente el virus del Ébola. Lo que hacemos es tratamiento de soporte y sintomático para ayudar a la persona a que la respuesta inmunitaria pueda erradicar el virus.

Las tareas se dividen y MSF se centra en el tratamiento de casos. Para realizar esto, lo primero que hay que hacer es un centro de aislamiento para los pacientes, y de esa forma se corta la cadena de transmisión. Si se corta la transmisión la epidemia puede acabar muy rápido. Después de aislar a los pacientes, se hace lo que llamamos el seguimiento de los contactos: cada paciente tiene un número de personas que ha estado en contacto con ellos, entonces se los sigue para detectar en forma temprana si alguno desarrolla síntomas y a su vez aislarlo. Esto puede ser muy difícil por todo lo que implica el Ébola para las comunidades.

El Ébola a veces produce estigmatización, entonces la gente esconde que está enferma, y eso hace que la enfermedad se siga propagando. Ese fue el caso en RDC, donde la epidemia duro bastantes meses, porque la gente tenía miedo, o creía que era mentira, que el Ébola no existía. Por esto, la intervención se acompaña desde el inicio de la sensibilización y la movilización social. Se trata de explicar a la población qué es la enfermedad, cómo se transmite, cómo frenarla, y qué hay que hacer en caso de que se presenten síntomas.


¿Cómo cambia el trabajo de un proyecto regular a una intervención de emergencia?

El trabajo en la Unidad de Emergencias es más vertiginoso, todo tiene que ser “ya”. Es rápido, y muy demandante y exigente.

De repente llegás a una situación donde la gente se está muriendo, como por ejemplo en el campo de refugiados de Liben, en Etiopía, donde llegaban miles de personas cada día escapando de la crisis nutricional en Somalia en 2011, y tenés que responder de una forma rápida, montar desde cero toda una estructura para dar respuesta. Allí armamos un centro nutricional y empezamos a atender a los refugiados. Vas viendo como la mortalidad disminuye en materia de semanas o en un mes, y eso esta buenísimo. Son días largos de trabajo sin descanso, muy diferente de lo que es una misión regular donde ya las cosas están en marcha.

A mí me interesa más el trabajo de emergencia, porque por un lado ves la necesidad y respondes rápido, de la mejor forma posible, y ves el resultado inmediato de lo que hacés.

Después de tantos años, ¿por qué seguís en MSF?

En julio cumplo siete años con MSF. Es un trabajo que me encanta, lo disfruto desde todo punto de vista: el trabajo y también lo que el trabajo me da a mí. En algún punto también es un poco egoísta, hay mucho que el trabajo nos da a nosotros: los lugares donde uno va – que de otra forma no visitaría –, la gente que conoces, las poblaciones con las que trabajas…

Sigo porque me encanta, me da felicidad y sé que yo también le puedo aportar a MSF. Cuanto más tiempo pasa mejor soy yo en lo que hago, y eso es bueno para la organización.

Hoy en día no me veo para nada siendo médica de otra forma; para mi practicar la medicina es esto.

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