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Andrés Weisz

Responsable Admin. y Finanzas- Buenos Aires, Argentina
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A pesar de lo que indica su nombre, Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización que no sólo está formada por médicos. También incluye a enfermeros, farmacéuticos, y psicólogos, entre otros perfiles sanitarios; pero, además, forman parte de ella profesionales no sanitarios, como logistas, financieros y coordinadores de recursos humanos.

En la entrevista de este mes, Andrés Weisz, actual responsable de finanzas y administración de la oficina de Médicos Sin Fronteras en Argentina, nos cuenta sobre su experiencia en el terreno como financiero en países como Haití, Zimbabue y Etiopía, y nos explica el rol fundamental que estos otros profesionales llevan adelante para que los proyectos de atención médica de MSF puedan concretarse.

¿Cómo fue que habiendo estudiado economía decidiste trabajar en el ámbito de la acción humanitaria, en una organización como MSF?

Mi llegada a MSF tuvo algo de fortuito y de inconsciente. En realidad, empecé a trabajar en otra organización internacional en Roma, allá por 2007, cuando me enteré de que por el trabajo iba a tener que mudarme a Suiza. No me interesaba esta opción y, habiendo estado en contacto con los proyectos que se realizaban en África desde hace un tiempo, tenía ganas de trabajar en ese continente. Ahí apareció MSF.

En una época en la que tomaba un vuelo atrás del otro, me tocó una vez sentarme al lado de una porteña de unos 35 años que vivía en Nueva York. Después de charlar un rato me dice que lo que yo hacía era el sueño de su vida. Yo entonces le contesté que, en cambio, nunca había sido el sueño de la mía. Le expliqué cómo de repente todo eso me había pasado, y cómo un día me había encontrado con que estaba en el medio de África. Todo había sido tan rápido...

En definitiva, el objetivo es querer lo que hacés y no hacer lo que querés. Y yo al poco tiempo de empezar a hacer esto me enamoré de mi trabajo.

¿Cómo fue tu primera misión con MSF?

La primera misión que realicé con MSF fue como administrador en Etiopía, en enero de 2008. Tenía previsto ir a Zimbabue en realidad, pero como la visa se demoró me ofrecieron ir a hacer una campaña de vacunación a un lugar llamado Guji, que estaba a 500 kilómetros al sur de Addis-Abeba, en la ruta que va desde Kenia hasta Djibuti. Literalmente, en el medio de la nada.

Empezar con una emergencia fue una experiencia increíble, porque el trabajo es mucho más rápido que en los proyectos más estables. Todo es urgente, todo es "ya". Y entonces aprendés a los golpes. Pero es una forma muy eficiente de probar si esa vida te gusta. Para mí, fue una experiencia alucinante.

Siempre me acuerdo de una vez que volvía del depósito de materiales que teníamos en una localidad al lugar donde estaba el hotel. Iba en una camioneta de MSF con el chofer (Seifu), un asistente de logística (Berhanu), y el coordinador logístico de la misión (Philip). En los 25 minutos de viaje me puse a pensar en lo extraño de la situación. Estaba en un auto, en el medio mismo de África, a cientos de kilómetros de alguna ciudad y a miles del mundo occidental, con dos etíopes y un sierraleonés, cruzando una ruta completamente a oscuras, donde no se veía más allá de donde iluminaban los faros.

Fue en ese momento cuando entendí perfectamente el rol que juegan las organizaciones, cómo hacen que situaciones como esa, que parecen irreales, tengan sentido, un desarrollo esperable y un fin.

¿En qué otros proyectos y países trabajaste con MSF y en qué puesto? ¿Qué tipo de atención se brindaba en estos proyectos?

Después de la primera, realice seis misiones más con MSF. La segunda fue en Zimbabue (esa misión que en realidad iba a ser la primera), en un proyecto de atención a pacientes de VIH/sida. Ahí cumplí un rol mixto, una mezcla de administrador, financiero y logista. La experiencia me sirvió para aprender un poco de todo y entender bien en qué consistía el funcionamiento de un proyecto. Ahí me quedé 15 meses, hasta julio de 2009. Y empecé a darme cuenta de que lo que hacía era un trabajo y una forma de vida.

Cuando terminé el proyecto, quise hacer una misión como logista. Me fui a Burundi nueve meses, a un lugar llamado Kabezi, frente al Lago Tanganyika. El proyecto consistía en llevar adelante un centro de urgencias obstétrico-ginecológicas, atendiendo a mujeres embarazadas a punto de dar a luz y transportándolas con ambulancias desde el monte al centro de salud de MSF. La experiencia me sirvió para darme cuenta de que la logística no era lo mío, y que con las finanzas me iba mejor.

Así que decidí volver sobre mis pasos e irme como administrador-financiero en una misión corta, de un mes aproximadamente, en Pakistán, para responder a una inundación inaudita, como no ocurría desde hacía ocho décadas. El proyecto funcionó perfectamente, la gente me impresionó por su infinita hospitalidad y cordialidad. Luego me quedé y abrí un segundo proyecto, cerca de Karachi, en un lugar llamado Hyderabad. Este recóndito rincón del mundo había renovado mi capacidad de sorpresa, que creía disminuida después de esos años en África.

Luego, fui a Haití como coordinador financiero a nivel nacional. Otra vez un trabajo distinto y un contexto distinto, un país golpeado por una catástrofe: un terremoto que devastó gran parte de las estructuras de salud en enero de 2010. Cuando llegué estaba asomando una epidemia de cólera, la más fuerte en muchos años.

Nunca en mi vida trabajé tanto. Nunca tampoco había visto en marcha una maquinaria tan grande, donde más de 1.700 empleados nacionales y hasta 200 expatriados prácticamente hacían magia día tras día, para contribuir a que cientos de haitianos sobrevivieran de alguna forma en un lugar donde alguna vez se erigió una ciudad.

Volví a Haití en Noviembre de 2011, pero esta vez por menos tiempo, para terminar de preparar la apertura de un hospital modular en un barrio de Puerto Príncipe llamado Tabarre, un centro de salud dedicado principalmente a cirugía interna.

¿Qué trabajo realizan los financieros en los proyectos en terreno?

Médicos Sin Fronteras es una organización de naturaleza médico-humanitaria, es decir que todos sus proyectos y sus misiones tienen una finalidad principalmente sanitaria. De todas formas, para poder brindar atención médica, es necesario que haya un equipo multidisciplinario.

Hacen falta médicos, enfermeros, psicólogos y parteras, pero también logistas, administradores, financieros, técnicos e ingenieros hídricos, constructores, mecánicos... Entre todos cubren las distintas áreas que hacen falta para que un proyecto funcione.

En cuanto a los financieros, básicamente nos ocupamos de lo que tiene que ver con los fondos, la financiación, el dinero y todo lo relacionado a eso. Para llevar adelante la ayuda humanitaria, hace falta conseguir fondos, que en este caso provienen de los socios, y también administrarlos correctamente; alguien tiene que ocuparse de esto. Y cada país es un mundo en ese aspecto. Cada uno tiene un sistema fiscal y un sistema bancario, una moneda y una evolución económica, un sistema de pago de salarios y de compra de bienes. Un abanico de opciones diferente, amplio y complicado.

El financiero es el responsable de que haya recursos para los proyectos en tiempo y forma, y de que todo este abanico de opciones no sea un freno para brindar atención médica y salvar vidas – o que lo sea en la menor medida posible.

El responsable de finanzas – junto con sus pares médico, logístico y de recursos humanos – también forma parte de la coordinación en la que el jefe de misión se apoya para tomar las decisiones.

¿Qué experiencias o aprendizajes del trabajo en terreno te sirven hoy para desempeñarte como responsable de finanzas de la oficina de MSF en Argentina?

En el terreno aprendí qué es MSF, cuáles son sus objetivos, tanto desde lo macro como en la práctica, y también cuáles son los límites. Y eso se aplica a todas y cada una de las oficinas del movimiento, ya sea en sede o en terreno, en Europa o en el medio de África. También conocí la parte técnica del funcionamiento de las finanzas dentro de la organización.

Por otra parte, la posibilidad de trabajar y vivir en lugares distintos te da capacidad de adaptación a distintas realidades y situaciones, y te enseña cómo enfrentarlas. Entonces, cuando llegás y te encontrás con una situación nuevo donde todo es distinto, ya no querés salir corriendo sino que lo vivís como parte del desafío y como algo atractivo.

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