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Agustina Piñón

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Agustina es una psicóloga argentina que tuvo su primera misión con Médicos Sin Fronteras (MSF) en Etiopía, un país ubicado al este del continente africano. Durante seis meses ella se desempeñó como referente móvil de salud mental; es decir, estaba a cargo de todos los proyectos de salud mental de MSF en este contexto.

Una vez finalizado su trabajo en el terreno y ya de regreso en Argentina, Agustina comenzó a trabajar en la oficina de MSF para los países de América del Sur de habla hispana. Es la responsable de llevar a cabo la selección continua de profesionales comprometidos con la ayuda médica y humanitaria, que luego se desempeñarán en los proyectos de MSF.

En esta entrevista cuenta acerca de la importancia que tuvo el enfoque de salud mental en Etiopía y repasa los requisitos para trabajar con MSF.

¿Cuándo comenzaste a trabajar con MSF?

En diciembre de 2016 decidí postularme. Ya sabía cómo era el proceso porque mi pareja había salido a terreno durante cuatro o cinco años, así que comencé a reforzar mi inglés y francés, y finalmente me presenté. El proceso duró aproximadamente tres o cuatro meses. Una vez que quedé seleccionada, fui a un curso que se llama “preparación para el primer destino” en Barcelona, ​​donde el personal de MSF me dio información general sobre toda la organización y también datos específicos sobre salud mental, mi área de especialización. Después de este curso, que duró 15 días, fui directamente a mi primera misión en Etiopía como “referente móvil” de salud mental.

¿Cómo fue tu primera misión?

Primero llegué a Adis Abeba, la capital del país. Después de reunirme durante un par de días con todas las áreas de la oficina, me fui a Dolo Ado, mi primer destino, que está a unos 10 kilómetros de la frontera con Somalia y Kenia. Allí trabajé en un centro de salud que funcionaba como hospital y en un centro de recepción para refugiados y refugiadas que habían huido de la sequía y el conflicto armado en Somalia. La salud mental era transversal a todos los servicios: sala de emergencias, sala de aislamiento para pacientes con tuberculosis, maternidad, centro de desnutrición infantil, y también en las clínicas ambulatorias.

Luego, fui a Degabour, también ubicada en la región somalí, donde dábamos respuesta a una emergencia nutricional. Dimos apoyo al hospital general y a dos clínicas, y la salud mental fue parte de la intervención. Para ir a Degabour tuvimos que tomar un avión desde la capital, luego una camioneta y finalmente un camión hasta llegar a los consultorios externos, donde había una enfermera a cargo de todo, promotores de salud y consultores de salud mental.

Mientras estuve allí, un viejo conflicto interétnico volvió a estallar en septiembre. La violencia aumentó rápidamente y, como consecuencia, muchas personas tuvieron que desplazarse. En algunos campos para desplazados hice evaluaciones y consultas de salud mental. Fue una situación difícil porque gran parte de la población se vio afectada por la situación y también personas cercanas a nuestros colegas.

Después me fui a Gambella, al otro lado de Etiopía, cerca de la frontera con Sudán del Sur. En el hospital, recibimos una gran afluencia de personas de Sudán del Sur que huían del conflicto armado en su país. Brindamos apoyo en muchas áreas dentro del hospital local, como la sala de emergencias y los departamentos de maternidad e internación. Allí asistimos a muchas personas con trauma. Las habitaciones estaban llenas y también había muchos pacientes en los pasillos. Recuerdo que a veces mis colegas se sentían abrumados por la cantidad de pacientes que llegaban.

También teníamos un servicio específico para víctimas de violencia sexual que estaba gestionado por una partera. Tenía mucha experiencia y aprendí mucho de ella.

¿Cómo era el enfoque de salud mental en esos contextos?

La gente nos explicaba cómo se sentían, las razones por las cuales estaban allí y, con frecuencia, hacían referencia a un dolor físico. A veces hablaban sobre su angustia y cómo enfrentaban sus problemas. Por ejemplo, durante las rondas médicas en la sala de internación o en la de maternidad, visitábamos a los pacientes para escucharlos, haciéndoles un seguimiento regular y brindándoles tratamiento cuando era necesario. Además de esto, organizamos reuniones con el equipo médico para que nos ayudaran a identificar pacientes que podrían necesitar asistencia de salud mental. Estas acciones, junto a la capacitación del personal, reforzaron también la idea de que tanto el personal médico como de promoción de la salud supiesen que podían referirlos a nuestro equipo.

¿Qué tipo de patologías o complicaciones veías normalmente?

Vimos casos de depresión patológica e intentos de suicidio, y también algunos casos de psicosis. Era común ver problemas de ansiedad y de sueño en pacientes jóvenes, asociados con las condiciones de vida en los campos de desplazados. Tuvimos pacientes con trastorno de estrés postraumático y, entre las mujeres, depresión como resultado de abuso sexual o síntomas relacionados con la maternidad forzada, entre otras complicaciones.

¿Cuál es la importancia de la salud mental en este tipo de contextos?

Afortunadamente, el dolor es considerado un problema tanto físico como mental por la Organización Mundial de la Salud y muchas otras organizaciones. Por un lado, entonces creo que es importante porque está relacionado con un panorama más completo de lo que es la salud. Me refiero no solo a la ausencia de sufrimiento o incomodidad sino a un sentimiento o a una percepción de bienestar. Por otro lado, porque hay muchas patologías que el enfoque de la medicina clásica no cura o no cubre solo. Todos los estados emocionales o psíquicos tienen efectos en el cuerpo físico. La salud mental también puede curar o acompañar a una serie de tratamientos, sin mencionar los casos extremos en los que está en juego la vida.

En este tipo de contextos, ¿qué tipo de manifestaciones se ven en el día a día?

En el hospital donde trabajaba llegaba población local que estaba sufriendo a causa del desplazamiento. Sufrían tras perder una red económica para autoabastecerse, una red cultural y la oportunidad de recibir una educación; todas situaciones que pueden hacer que una persona se sienta impotente. También tuvieron que atravesar dificultades y agresiones en su vida cotidiana: violencia sexual, falta de alimentos, el sufrimiento de vivir en una situación social y cultural de pobreza, entre otros.

¿Qué tipo de apoyo brindó MSF?

Ofrecimos terapias individuales para aquellos que requerían más atención y además, realizamos sesiones de asesoramiento. Estas últimas las pueden llevar adelante también personas que quizás no son psicólogos o psicólogas pero que tienen formación en salud mental.

Finalmente, ofrecimos muchos tratamientos grupales, como sesiones de psicoeducación. Este tipo de enfoque permite a los pacientes generar vínculos o relaciones para desmitificar la "locura", que está estigmatizada entre las comunidades.

También organizamos talleres de reflexión y muchos talleres para niños y niñas. Esto es muy útil en casos de desnutrición en los que trabajás en el vínculo madre-hijo; realmente genera cambios inmediatos. Además de eso, gestionamos otros talleres de juegos y actividades recreativas infantiles.

¿Cuándo empezaste a trabajar en la oficina de MSF en Buenos Aires?

Cuando volví de misión, me enteré de una búsqueda laboral para el área de recursos humanos en la oficina de MSF para los países de América del Sur de habla hispana. La posición consistía en realizar la selección de profesionales de medicina, arquitectura, ingeniería, administración, entre otras, para ir a terreno. Me pareció una buena oportunidad, apliqué y comencé a trabajar en la oficina.

¿Cómo es tu trabajo hoy en día en la oficina?

Básicamente mi trabajo consiste en reclutar candidatos y candidatas de los países de América del Sur de habla hispana para que salgan a terreno a brindar apoyo en los distintos proyectos que tiene Médicos Sin Fronteras en el mundo. Incorporamos diferentes perfiles: por un lado, personal sanitario, de la medicina, ginecología, enfermería, pediatría; y por el otro, todo aquel personal que da estructura y soporte para que los proyectos sean posibles, ya sea en la administración o como logistas (generalmente profesionales de ingeniería).

En este sentido, realizamos actividades para difundir nuestras necesidades en el terreno. Esto es lo que llamamos “reclutamiento activo”: generar vínculos con universidades, hospitales, asociaciones y colegios profesionales. Incluso también de idiomas, ya que necesitamos  perfiles que sepan inglés y francés. Una vez que la persona se interioriza  acerca de nuestro trabajo, de quiénes somos y qué hacemos, ingresan a https://www.msf.org.ar/trabaja/en-el-terreno donde cargan su CV en relación a los perfiles que están publicados.

¿Qué requerimientos o actitudes se toman en cuenta a la hora de elegir a los candidatos?

Es importante que la persona tenga una titulación, conocimientos de inglés y/o francés, dos años de experiencia laboral como mínimo y que cuente con intereses o inquietudes sociales.

La especificidad de los requerimientos también depende del perfil al que se postule, pero es importante que su personalidad concuerde con los ideales y los pilares que hacen a la tarea de Médicos Sin Fronteras.

Si te interesó el trabajo de Agustina, leé más sobre el perfil de psicología en Médicos Sin Fronteras.

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